Palencia: la bella desconocida

Palencia: la bella desconocida

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Catedral de Palencia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estrenamos 2014 en el centro de la meseta norte y corazón de Tierra de Campos. Encontramos Palencia, una ciudad que, al igual que su sorprendente catedral, esconde en su interior un bello y “desconocido” tesoro. Sus numerosos parques y jardines, su zona centro peatonalizada y su conexión con los orígenes de la gastronomía castellana hacen de Palencia una parada obligada para aquellos que quieran dejarse conquistar por una atmósfera de deleite y serenidad. A sólo media hora de Valladolid, a una hora de León o Burgos, y a dos horas de la costa del Cantábrico o de Madrid, una escapada a Palencia merece la pena por muchas razones.

Es temprano y los primeros rayos de sol nos dan la bienvenida. En frente de la estación, la escarcha se nota en las hojas de la variada botánica de este parque conocido como “Los Jardinillos”,  que aún hoy constituye un digno pórtico de acceso a la ciudad y, gracias a su histórico palomar, una residencia para aquellas aves que escoltan a los paseantes más madrugadores.

Una estampa habitual en una localidad que cuenta con la mayor proporción de zonas verdes por habitante de España y que permite paseos muy agradables, desde la Huerta de Guadián, que esconde en su interior la Ermita de San Juan Bautista, una joya románica, a la ribera del Río Carrión.

En una de las orillas encontramos el Sotillo de los Canónigos, la dehesa más extensa de la ciudad, que hacía de sus zonas verdes un área de descanso y meditación para los monjes de la orden eclesiástica a la que debe su nombre. En la otra, a la que llegamos gracias al acceso romano de Puentecillas, el ocio y el deporte se dan cita a lo largo de una senda que se asocia con el curso del río y congrega diariamente a paseantes y corredores.

Los manjares palentinos

Se acerca la hora del aperitivo y la gente empieza a concentrarse en bares y tabernas. Casa Lucio, en pleno corazón del casco histórico, exhibe una  auténtica colección de pinchos y tapas. Aquí la gastronomía castellana luce de la mano de una menestra palentina y el lechazo, todo acompañado con vinos regionales de denominación de origen, como el Cigales o el Ribera de Arlanza.

La tortilla de patatas, clásico absoluto de la cocina española, también es protagonista en Palencia. En La Encina se puede disfrutar de una tortilla reconocida en varias ocasiones a nivel nacional. Los amantes de la cuchara también pueden deleitarse con un poderoso cocido palentino para afrontar las bajas temperaturas del invierno que acaba de entrar. Por el contrario, si lo tuyo no es comer siempre puedes tirar la comida.

Sí sí, en la ciudad palentina hasta se deshacen de la comida. Durante la Romería del Santo Toribio, el alcalde municipal y las autoridades arrojan cientos de bocadillos en la conocida “pedrea del pan y del quesillo”. Un acto tradicional que homenajea al patrón de Palencia, a sus gentes y a todos aquellos que quieran acercarse a descubrir Palencia.

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