Cinco destinos para escapar en noviembre

Cinco destinos para escapar en noviembre

Atrás queda el alboroto de las verbenas, el calor y el tiempo sin reloj.  Vuelven en noviembre los sonidos habituales, el agradable cobijo y el ansiado fin de semana.  Algunos se empeñan en llamarlo regreso a la rutina cuando otros preferimos denominarlo escape a lo auténtico.

Descubre el carácter sin atavíos, la otra mirada, el color multiplicado entre siluetas de hoja, los olores propios y el tacto de la piedra que protege los lugares auténticos.

Te proponemos cinco ciudades para vivir el otoño. Elige el destino que mejor se adapta a tus deseos y viaja hasta el 24 de noviembre con tarifas Promo:

Santander

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Viajar en noviembre supone empaparse de mar. La sensación te persigue desde el principio y es que toda la ciudad vive con los cinco sentidos orientados al Cantábrico, no en vano tiene trece playas en su entorno .  El Sardinero es una zona residencial con extraordinarias mansiones, entre las que destaca el Palacio de la Magdalena, antigua sede veraniega de los Reyes de España y hoy Universidad Internacional.

Es señorial y cercana sin entrar en contradicción.  Prueba de ello es el centro histórico, desde Puertochico hasta más allá de la calle Burgos, alternando los nobles edificios con los escaparates del mejor comercio.   Visitas obligadas son  La Catedral, La Plaza Porticada, El Banco de Santander, el Gran Casino del Sardinero. También el Museo de Bellas Artes, el Museo Marítimo del Cantabrico y el Museo de Prehistoria, entre otros.

Ponferrada

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Punto clave de paso en el Camino de Santiago pero sobre todo protagonista de la Orden del Temple. El tiempo se ha detenido entre sus castillos y calles medievales. Su personalidad radica y se respira en la tradición e historia.  Es su seña de identidad.

Debes visitar primero el Castillo de los Templarios, sólo así entenderás lo demás. La Basílica de la Encina, el Monasterio de San Pedro de Montes y la Torre del Reloj lo merecen por igual.  Cuenta con un Museo del Ferrocarril y con otro muy curioso y visitado:  Museo de la Radio Luis del Olmo.

Comer en alguno de sus restaurantes debe formar parte del plan. El botillo berciano, las crepes de castañas y queso, las croquetas y pimientos asados del Bierzo son manjares contundentes que han de regarse con el vino denominación de origen del que tan orgullosos se sienten.  También la manzana reineta y la pera conferencia nacen en estas tierras.

Lleida

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Lleida es una ciudad moderna, culturalmente activa y enclavada en un entorno natural único. Acoge espacios naturales tan importantes como el parque natural de La Mitjana ,  el parque del río Segre o los Camps Elisis; además de la “huerta”, el cinturón verde que rodea la ciudad.

Su esencia está en el Conjunto Monumental de la Seu Vella y Castillo del Rey Suda, el Castillo Templario de Gardeny, el Palacio de la Paeria, la Catedral Nueva. Merece la pena sumarse a la ruta arqueológica guiada “Lleida secreta” organizada por Turisme de Lleida.

La gastronomía de Lleida tiene personalidad propia cuando hablamos de fruta, caracoles, carne a la brasa, embutidos, “cassoles”.  El vino (DO Costers del Segre) y el aceite de oliva (DOP Les Garrigues) de Lleida son productos de primera calidad reconocidos a nivel mundial. En otoño no podemos olvidarnos de las setas de las comarcas leridanas.  Y de postre, Las cocas de recapte, los “panadons” de espinacas, pasas y piñones y  los “granados”, dulces de almendra que llevan el nombre del reconocido músico de Lleida.

Córdoba

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Pasear por el casco antiguo cordobés supone descubrir un bello entramado de callejuelas, plazas y patios encalados ordenados en torno a la Mezquita-Catedral, reflejo de la importancia de la urbe en época medieval y auténtico símbolo de la capital. Declarada Patrimonio de la Humanidad, visitarla en otoño asegura otro clima que favorece la complicidad.

Más allá del jamón,  del aceite y el vino, con sus propias denominaciones de origen, existe una manera de degustar la ciudad para saborearla sin prisa y como merece: en los restaurantes y tabernas. Mejor si es en alguno que ha recuperado recetas mozárabes o judías. El plato tradicional es el salmorejo, una salsa hecha con un gazpacho espeso, que se toma con cuchara o mojando pan. También los flamenquines, las alcachofas a la montillana o las recetas árabes, como el cordero a la miel. En cuanto a postres, es tradicional el pastel cordobés, hecho con hojaldre y, en su versión más clásica, cabello de ángel y jamón serrano. 

Y lo mejor te espera al anochecer, cuando la magia nocturna se esconde por cada rincón. Hay rutas, visitas y experiencias organizadas que no te puedes perder.

Cartagena

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Un recorrido por la ciudad y sus museos nos adentrará en la historia de una ciudad fuertemente ligada al mar. Un ejemplo es el prototipo del submarino del inventor cartagenero Isaac Peral.  No puedes perder la visita al Museo del Teatro Romano,  forma parte de un proyecto integral realizado por el arquitecto Rafael Moneo que engloba la rehabilitación de parte de la ciudad de Cartagena y su Teatro Romano, oculto durante varios siglos. La visita incluye un recorrido guiado por parte de la ciudad y por el interior del propio teatro. También son recomendables el Museo Arqueológico Enrique Escudero de Castro y el Museo de Arqueología Subacuática.

En asuntos gastronómicos gobiernan los salazones, pescados, calderos y paellas. Las abundantes salinas del Mediterráneo son empleadas a la hora de elaborarlo, sobre todo de atún, caballa o melva y los pescados a la sal, como la dorada. El pan de higos es una especialidad de la región y el “asiático”, propio de Cartagena,  aporta alegría al  café,  leche condensada, coñac y canela.

Verónica Portell es Periodista

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