A carcajadas: cómo se hizo

A carcajadas: cómo se hizo

Desde el primer día supe que el reto era mayúsculo y se presentarían un sinfín de variables. Llegaron las más de mil historias. Tener tantas opciones para hacer una canción era un reto importante y pensé más en lograr conectar con una historia en particular, un sentimiento, algo distinto y peculiar. Me iba haciendo a la idea de que mucha gente tenía muchas cosas en común, y todas ellas a su vez tenían un denominador común: el tren. Había historias de todo tipo: humor, pasión, arrebato, desenfreno, ¡de todo! Fue espectacular leer a tanta gente y poder compartir su intimidad, derrochando talento y empatía.

El reto era manejar un poco las expectativas e ir acercando posturas. Algo humano, emotivo, con capacidad de llegar a la gente. Se eligieron cinco finalistas, decisión que fue muy difícil de tomar ya que había tantas de donde elegir… Recuerdo identificarme mucho con la idea de “muévete”. La gente que está en movimiento o transición siempre deja la puerta abierta a que le sucedan cosas. Aquello de no quedarse estancando con una situación negativa y mirar hacia adelante con lo nuevo.

Muchas fueron las historias de amor desde todos los ángulos posibles. Poder “parar un tren” literalmente por alguien, pedir matrimonio a pesar de las distancias, acercar lejanías, vivir aventuras, reencontrarse en el tren tras años separados y un largo etcétera. Se me hacía algo borroso todo y era confuso “mojarse” con algo o una historia en concreto. Tanta gente se lo merecía, miles de canciones se escondían por ahí, pero fue al llegar al estudio y juntarnos los tres, con Bebe y Carlos Jean, que la cosa empezó a caminar.

Recordábamos el trayecto en tren entrevistando a los cinco finalistas, conociendo a los protagonistas, y una historia volvía una y otra vez. La de Eduardo y Rocío y su “pipitren”. Como un padre y una hija se entregan en pura devoción el uno por el otro, acompañados por el tren, inventándose juegos y canciones en viajes de corta y larga distancia.  Ante todas las adversidades que la vida les fue poniendo, respondieron con risas, empatía y mucho amor. Su “pipitren” dejaba a un lado las discapacidades y exponía todo un mundo de posibilidades e ilusión.

 

Yo llegaba con un boceto de ideas sueltas en inglés, acumuladas después de tantas historias, y acercándome a la de Eduardo y Rocío también. “Photographs and memories”, (memorias y fotografías en el tiempo)  “a journey into the unkown” (un viaje hacia lo desconocido…) “her eyes light up, she knows it…” (sus ojos se iluminan porque sabe…). La base rítmica propuesta por Carlos Jean para el spot de Renfe ya emulaba el “chucuchú” del tren, nos ponía en situación y ambiente. Así empezaba lo que llamo yo el “balbuceo musical” cuando frases sueltas comienzan a sonar, melodías en potencia, todo muy aleatorio al principio pero que va cobrando sentido cuando te centras en la historia.

 

La historia caminaba bien pero hacía falta darle una vuelta de tuerca, y llevarla a otra parte

 

Carlos Jean nos dejaba mucha libertad para experimentar con ideas, dentro de una estructura que ya comenzaba a sonar. Bebe había conectado de forma especial con Eduardo al escuchar de primera mano su historia, inclusive con lágrimas añadidas. “Aquello que al principio le asustó” pero que con el tiempo supo entender, valorar, y al final “gracias a la vida le doy”. A Bebe le parecía tremendo ese proceso de transformación y superación hasta el punto de poder expresar algo tan bonito.

Queríamos transmitir ilusión y celebrar esta particular historia de amor. Empezaban a salir frases sueltas, pero no dábamos con un estribillo. La historia caminaba bien pero hacía falta darle una vuelta de tuerca y llevarla a otra parte.

Un día quedé con Bebe en su casa y alrededor de su piano de pared comenzamos a “volar” con subidas y bajadas de dinámica.  Ella tenía sobre la mesa frases ya muy potentes como “sujetaste mi memoria y mi miedo se alivió”, te dejaba con los pelos de punta al cantarlo. Tanto que la intención acabó siendo dejar esa parte expuesta, casi en silencio, con un piano sutil para explotar el sentimiento de esas palabras.

De ahí comenzamos a improvisar ideas, dejándonos llevar por lo que saliese. Probaba variaciones armónicas, melódicas, que diesen con una especie de crescendo y coro constante repitiéndose, mientras Bebe cerraba los ojos y “lanzaba” las palabras que le invocaba la historia. Al cerrar los ojos se le intuía una sonrisa, y de alguna forma quería celebrar la historia de Eduardo y Rocío, cómo ellos desafiaban todo a base de carcajadas.

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En ese momento dimos con algo especial, porque sentimos que evolucionaba de manera natural y la historia cobraba peso y mucha ilusión. Las estrofas en inglés y en español se compenetraban bien, una enganchaba con la otra y le daba un hilo original a la canción.  Al final no había estribillo “standard” como en las canciones pop, a Carlos Jean no le preocupaba porque en la producción no perdía peso la canción y la historia evolucionaba. Te conectaba con la parte sentimental. Para mí cobraba mucha importancia todo lo visual. Fragmentos de memorias, mirando hacia la ventana, el tren, el paisaje, los juegos inventados, y todo ese aire que le dio Eduardo a su historia.

Esperémos haberle hecho justicia a la preciosa historia, porque desde luego el proyecto lo merecía, desde los primeros instantes que hablamos con Renfe de hacer algo similar. Estamos muy agradecidos, estamos muy contentos de haber vivido este proceso de composición totalmente distinto. Todo un reto para un artista gracias a Renfe.


Juan Zelada es músicoawaywithmusic.com

 

 

 

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