Las Fallas: Patrimonio de la Humanidad, destino final

Las Fallas: Patrimonio de la Humanidad, destino final

La realidad solo existe si la soñamos y la deseamos. No nos atrevemos a consultar, tememos que las noticias hagan temblar los vaticinios. La primera revelación nos llega a través del whatsapp recibido por nuestro compañero de viaje, en el interior de un Ave con destino a Valencia. “Lo hemos conseguido, las Fallas son patrimonio de la humanidad”. Nos habla bajito, mientras su voz se ve sofocada por la emoción. El escrutinio público del cercano coche cafetería, ¡Por fin!, nos alborota mientras la alegría corre como la pólvora por el resto de coches donde se multiplican las alusiones falleras, una vez amortizadas las expectativas puestas en la candidatura presentada a la Unesco.

1-17La noticia sacude las emociones de los viajeros. Se amontonan de forma arbitraria conversaciones entre el pasaje y la tripulación. Al dejar atrás la estación de Requena y comenzar a bajar del altiplano valenciano hacia el Mediterráneo se percibe la cobertura sísmica que inunda la capital del Turia.

No es necesario preguntarse por el secreto que hace que una fiesta se convierta en patrimonio inmaterial de la Humanidad tras conocer los singulares oficios tradicionales que se dan cita en las Fallas. El origen y la esencia de la fiesta fallera es un capitulo lleno de enigmas que vuelven a resplandecer.

Con 21 años de trote fallero, en el blusón festero, nos concedemos la oportunidad de rendir pleitesía verbalizada a una fiesta excepcional. Las fallas tienen ya acento universal, sabor inmaterial y una visión privilegiada para la humanidad. Nada esta más cerca de la realidad. Y eso lo pueden confirmar los miles de visitantes que cada año invaden las calles de Valencia. Las fallas tienen el elixir de la efímera eternidad.

1-21Los monumentos son la columna vertebral de un ecosistema festivo donde tradiciones y costumbres se entrelazan. Las sinergias culturales se multiplican: La recreación pirotécnica, las sociedades musicales, la indumentaria y las ofrendas hunden sus raíces en la universalidad fallera como componentes singulares.

Plazas abiertas que circundan a monumentos, con alma artesanal, donde el arte se despoja de cualquier atadura cuando empieza la “planta” de esculturas y ninots.

Los coches ceden la soberanía de las calles a los visitantes que buscan con ansiedad visual las esculturas, sin trampa pero de cartón.

La ciudad se convierte en un edén plagado de monumentos falleros que esperan la efímera eternidad, a través de la magia del fuego. La “crema” desemboca en la purificación que da la bienvenida a la primavera prometida.

2-1El tren se convierte en anfitrión inicial para tener la oportunidad de vivir la semana fallera. Los servicios de cercanías nos acercan a vivir las “mascletaes”, en primera línea desde la plaza del ayuntamiento, donde se acunan los espíritus pirotécnicos, mientras la “despertá” relaja los impulsos del linaje matutino fallero. Para finalizar con la recompensa, no menor, de contemplar la “Cremá” con el termómetro festivo a punto de reventar.  A modo de ayuda – y de conclusión – basta con aspirar a vivir las fallas.

Solo nos queda trasladar la enhorabuena vitalicia al universo fallero y  animar a todas las personas a vivir esta experiencia única. Sería injusto olvidar que el tren se convierte en un transporte coral, un dispositivo activado las 24 horas para acceder hasta el centro de Valencia. Los servicios Ave, Euromed, Media Distancia y  Cercanías , le esperan como una apuesta segura. De ustedes depende. “Anem de Festa”.

Tino Carranava es Periodista

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