El Expreso de la Nostalgia: Leyendas Cubanas (I)

El Expreso de la Nostalgia: Leyendas Cubanas (I)

Un viaje en tren es una experiencia que incluye todos los sentidos. Al subir al primer coche del Talgo en la estación de Murcia del Carmen, observo una funda de guitarra arrimada a la ventana con una leyenda. “Mama yo quiero saber, de dónde son los cantantes” enseguida me viene a la memoria el mítico Trío Matamoros. Establecido en el asiento, con los primeros movimientos del tren, el sueño es un acontecimiento inaplazable dictado por el cansancio.

La música tiene un efecto amnésico que resplandece durante el trayecto. La realidad oculta del sueño aflora mientras nos rodeamos de canciones que van pasando por la gramola de nuestro subconsciente. El empeño emocional de los últimos acontecimientos vividos en Cuba nos obliga a recordar a los cantantes de la Perla del Caribe. Hay leyendas que conviene desterrar de vez en cuando. El Expreso de la Nostalgia polariza los recuerdos y aúna las voluntades musicales

Curtidos en mil viajes, vivimos este trayecto imaginado como un solitario “déjà vu” sentimental. De repente se agolpa en nuestra conciencia viajera recuerdos del tren Habanero.

El Expreso de la Nostalgia recupera la transversalidad musical cubana.

Agárrense para lo que viene. Un tren chárter con voz propia donde el supervisor no se ve obligado a establecer un “checking” artístico porque no se agota el talento. Nuestros ilustres viajeros acumulan adoradores y fans a ambos lado del pasillo.

Dicen que lo bueno es empezar una reflexión con una canción y es aún mejor si se conoce la letra. Con esta sucinta melodía arranca un trayecto recreado. “Mama yo quiero saber, de dónde son los cantantes”. Es el momento de inmortalizar al trío Matamoros. Este grupo, con tres voces distintas, forma un solo don verdadero y lo revelan a su manera.

Miramos de reojo, sin despertar sospechas, al pasar por el vagón del jazz club nos encontramos con viajeros ilustres y sus trompetas: Paquito de Rivera y Arturo Sandoval.  El paso soñado por los coches, camino de la cafetería, desafía nuestra capacidad de predicción. Las pulsiones jazzísticas percibidas son abordadas con una maestría lúcida que centuplica la fuerza estremecedora del contrabajo del gran Cachao. Enmudecemos y nos decantamos por los asuntos de familia, para escuchar a los pianistas, Bebo y Chucho Valdés, padre e hijo, cincuenta años después se reencuentran. Lo que el jazz ha unido que no lo separe…

Amores malparados y corazones rotos, como destino encuentran acomodo en el bolero donde se recogen célebres intérpretes como Omara Portuondo. Casi sin tiempo. Nos dejamos guiar por el oído.

La llegada a la estación de Cienfuegos desencadena una situación que escapa a nuestros control con la presencia del inmortal Beny More, el bárbaro del ritmo y su canción “Que bueno baila usted” donde demuestra ser el sonero mayor de Cuba.

En la búsqueda desesperada por la singularidad de estos artistas, nacidos para triunfar, el corazón vuelve a temblar. La música sana el dolor. Aturdido por el número de estrellas que viajan, el horizonte musical es remachado por una artista irrepetible La Lupe.

Las canciones nos buscan y nos llevan por donde quieren. No es una fábula lo que está ocurriendo. El expreso nos lleva directamente a la raíz de lo que son las emociones humanas. La riqueza rítmica del son contrasta con el fatigado traqueteo emocional del expreso. “Se mueve más que las maracas de Antonio Machín” se oye desde el fondo.

El cruce con un fatigado tren azucarero alcanza una notable sintonía al pasar por Matanzas. La expresividad de fraseo hecho de latigazos dulcemente sonoros. “Azucar.. Sabroso”…. nos hace volver la mirada. Es la Guarachera de Cuba. La vocalista de la mítica sonora Matancera. La reina de la salsa se apea en esta estación. Nos levantamos al ver su paso por el andén.

 

 Tino Carranava  es Periodista  / @tinocarranava @gourmetren 

Fotografía portada: Magán /Domingo

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