Vámonos a Requena: Ave en boga, embutido en boca

Vámonos a Requena: Ave en boga, embutido en boca

El afán por conocer es inseparable al afán por probar. No hay mayor placer gastronómico que comer lo que uno quiere. Todos alguna vez podemos poner en práctica este sueño en la Muestra del Embutido Artesano de Requena. Solo así podrán acercarse a la realidad de esta feria que entronca con una tradición de la gastronomía popular que, a lo largo de los siglos, ha apostado por esta costumbre culinaria.

El trayecto en Ave desde Madrid con destino a Requena se convierte en una brújula gastronómica.  Aparcamos el deseo gourmet, en el interior de tren, durante los setenta y cinco minutos del viaje. Al llegar desde el andén de la terminal los vaticinios son claros, se observa un enclave privilegiado entre almendros y viñedos, al tiempo que se perciben unas condiciones climatológicas idóneas, de tipo continental, para la curación y oreo de estos productos tradicionales.

Miramos impacientes el transcurrir del tiempo a la espera de alcanzar el deseado bono de 10 consumiciones, con precio especial para los viajeros del Ave al presentar el billete. La sesión cárnica comienza, sin otra lógica, que la de un discurrir gustativo, de forma satisfactoriamente errante, y nómada por los diferentes puestos.

De una y otra forma lo que empezó hace dos horas en la estación de Puerta de Atocha tiene continuidad. Es el momento de asaltar los cielos gastronómicos con retórica culinaria popular.

En el ejercicio de nuestras competencias engordamos el currículo de los embutidos caseros con denominación de origen. Una experiencia vital muy purificadora, que además de brindarnos el gozo del reencuentro con las chacinas, nos permitirá asomarnos a los paisajes de las barbacoas que hacen que cualquier fe vegana tiemble.

Al acceder al recinto no tardarán en percatarse de la variedad de chacinas y embutidos de calidad extraordinaria donde sobresalen: los chorizos, las longanizas, la morcilla de cebolla, la gueña, el salchichón y el perro. La sobrasada lleva implícita una aureola gustativa de prestigio mientras las longanizas rescatan las huellas de maestros chacineros que el paladar nostálgico no olvida. Existe un impulso reforzado por el hábito que nos empuja hacia adelante en busca de otro puesto.

FOTO MORCILLAConfrontar entre panes la longaniza blanca con la morcilla resulta de una actualidad gastronómica esclarecedora. Se presenta como una comida donde los sabores se redistribuyen y se diseminan entre paladares anónimos. Sirve de preámbulo interminable al resto de la jornada.

Son muchos, y muy ilustres, los expertos gastrónomos que callada o explícitamente han caído en una insólita idolatría hacia los embutidos y chacinas. Cada parada en los puestos está pensada y milimétricamente medida. Fantástico recorrido en el que participan activamente buena parte de los más conspicuos paladares.

Cuesta encontrar, en cualquier otra disciplina gastronómica, un espectáculo tan intenso que concite tantas pasiones gustativas. Miles de amantes del embutido practican el culto a la personalidad de las chacinas. Pasa el tiempo y cambian las etiquetas, pero la esencia de los embutidos no ha perdido su sentido costumbrista aunque se han introducido novedades gourmet bañadas de cava como la sobrasada.

A toda esta maraña de sabores, solo le falta una cosa…el vino que lo despertase. A pocos metros se encuentran un sinfín de bodegas. Al volver en el  Ave hacia Madrid. El coro de voces de los viajeros, como posición dominante, es cada vez más ruidoso. No podemos ser ajenos: charcutería legendaria con derecho a réplica, donde el mundo cárnico forma un totem culinario por los cuatro costados y avanza con credenciales gourmet.

El viaje en Ave se convierte en una costumbre que nos permite prescindir de claudicaciones vinícolas e incluso de sumisiones relevantes espirituosas. No hace falta recurrir a consideraciones  confesionalmente gourmet. Por lo vivido en esta escapada gastronómica se cumple una máxima clara el AVE vuela pero lo escrito permanece. Para los rezagados un consejo. Digan sí, rotundamente a la visita, y establezcan la prioridad de viajar en tren hasta la Muestra del Embutido de Requena. Su existencia, pero también su gusto, se beneficiará.

Tino Carranava  es Periodista  / @tinocarranava @gourmetrenFOTO CHORIZOS

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