El Expreso de la Nostalgia: Tributo al amor

El Expreso de la Nostalgia: Tributo al amor

Encender la radio o apagar el equipo de música, ese gesto tan repetido e inconsciente, durante años, puede adquirir un aire más personal, con la revolución digital de por medio. Unos minutos de desconexión en pleno viaje dentro del tren oxigenan nuestros vinilos emocionales y estimulan la nostalgia musical gracias al omnipresente youtube y las benditas descargas acumuladas.

A veces las casualidades se unen para lo improbable. Escuchamos en el interior del taxi que nos acerca hasta la estación una maravillosa versión de “Cuando un hombre ama a una mujer” de Percy Slade. A punto de abandonar el vehículo aunamos voluntades en el interior para terminar de tararear la canción.

La cercanía del controvertido, para algunos, Día de los Enamorados y la balada escuchada se concilian para generar una tertulia durante el viaje en el Ave que se transforma en un tributo a las canciones de (des)amor. Nuestra mente programa la circulación de un Expreso de la Nostalgia, con un maquinista llamado Cupido, donde los viajeros son cantantes de largo recorrido.

La nómina de cantantes que viajan como invitados en los vagones de nuestro imaginario Expreso de la Nostalgia es extraordinaria. Ortodoxia pura en las letras y cuerdas vocales consolidadas a lo largo del tiempo garantizan el éxito del viaje musical. Temas maravillosos que no han dejado nunca de aportar al presupuesto emocional como:

Las letras de temas de amor y desamor abogan por la sencillez como forma de contrarrestar la sofisticación que rodea a los temas actuales. Nos beneficiamos de una voz inigualable:

Fuente de vitamina espiritual, factor icónico de bienestar sentimental. La música es nuestra aliada pero también puede volverse en nuestra contra por sus bruscos repuntes que agrandan la personalidad de algunos acontecimientos al recordarlos.

Reflejan y moldean nuestros gustos musicales. Otras veces actúan como vía de escape. Las canciones son como un espejo capaz de medir el pulso de nuestro corazón. Hoy por hoy, el día de los enamorados vuelve a tener otras connotaciones.

Las canciones se convierten en el lienzo musical perfecto para imprimir carácter al espíritu. Las canciones de Frank Sinatra siempre están en el punto de mira.

La música es capaz de romper cualquier muro. Pasapalabra. Ahí lo dejo. Para muestra la maravillosa Linda Ronstand, recientemente retirada por el maldito Parkinson, nos lo demuestra haciendo honor a su raíces hispanas con una versión de un tema de la inolvidable mexicana Lola Beltrán.

Después de cumplir con los obligados débitos musicales habituales  se agudizan las canciones favoritas. La huella de las canciones en nuestra vida  es evidente.

Tras un test de compatibilidad musical tutelado nos atrevemos a escuchar esta canción. En los ochenta fueron pareja artística puntual fruto de su vieja amistad en la factoría Motown.

En la actualidad vivimos en un mundo tan tipificado que olvidamos que las afinidades musicales están muy bien, pero que al final, lo que nos gusta de las canciones no viene en la lista de atributos comerciales radiados cotidianamente en cadena.

La canción francesa no solo reina en la primera fila de la nostalgia, donde se mira de arriba abajo. Por vecindad geográfica nos cautiva. Nobleza obliga. Dueña y señora. Calor esencial para el acento musical del día. Nos rendimos a la evidencia. Imagínense que hasta fue censurada en 1969. Hay cosas difíciles de explicar y de entender.

Pocas son las canciones que pueden alardear de haber burlado la fecha de caducidad a través de múltiples versiones. Hay razones contundentes: “Only you” es una de ellas.

Las canciones ponen el rostro a los acontecimientos, reinterpretan momentos, con infinidad de letras personalizadas. La canción favorita  de Sinatra de la mano de George Harrison.

La delgada línea del amor y desamor tiene en las desgarradoras canciones de la cautivadora Etta James algunos de sus mejores ejemplos. Nos acercamos a una excepcional ferocidad interpretativa.

Obsesionados por el sorprendente poder del soul. No hay escapatoria posible, optimizamos los temas musicales. Sam Cooke…Otis nos insisten. Ya, ya  sabemos que no es el nombre de un ascensor. En fin, para evitar polémicas nos decantamos por un secundario de oro:

La ruta de canciones favoritas, aún inexplorada, promete. Vivimos un viaje musical que permite la investidura eterna del Rey. Solo podemos añadir que aún vive…

Canciones de agitación sentimental. El tren de la nostalgia se convierte en un crisol de la  americana music por momentos. Hay motivos de cierta envergadura artística.

De  manera significativa jugamos la baza de la balada country como eje de la elección musical. Jugamos a lo seguro. Huimos de versiones inverosímiles. Sin concesiones. Toca la canción original:

Con el único propósito de curar pretéritas heridas sentimentales, tras escuchar determinadas canciones, renovamos ambiciones, sin excentricidades.

Algunas cantantes mantienen el ego artístico  bajo control y no alardean de sus composiciones. Imposible capaz de mantener la calma en estos momentos ante la presencia de la Reina del soul.

El Expreso de la Nostalgia se transforma en el interior de sus vagones en infinitas variantes musicales, con desigual velocidad artística, pero con un mismo hilo conductor el amor. Hasta sus satánicas majestades tienen hueco para cantarle al corazón.

La buena cobertura en el interior del tren nos invita a hacer diferentes avituallamientos musicales con nombre propio, a través del ipad. La (e)lección de una canción favorita no deja ser una interesante fuente de problemas entre los viajeros. Se busca consenso entre las gramolas que fluyen en nuestro  interior.  La decisión final de esta canción responde a la voluntad mayoritaria.

Con un objetivo muy definido, aprovechamos el desgaste de los corazones musicales  para proponer al grupo una canción universal.

Hay canciones que activan de nuevo las aspiraciones nostálgicas. La elección se convierte en una prueba de fuego. Avanzamos con la tensión musical inherente a semejante cita, pero sin las mariposas de la incertidumbre de anteriores ocasiones.

Las buenas previsiones son confirmadas por los sufridos corazones. Artistas de insólita capacidad de desdoblamiento. La inmensa mayoría proclama la militancia a las clásicas canciones frente al frío caudillaje de las canciones electrónicas actuales. No todas valen para tal ocasión.

Saturados nos reciclamos para recibir su presencia superestelar. Reseteamos los oidos para aproximarnos al furor. Los maestros de las baladas del heavy siempre tienen cabida.

Como entregados fans no dejamos escapar ninguna oportunidad de escuchar al genial Marvin Gaye. Decretamos el estado de alerta. Canciones  salpimentadas de intensos mensajes donde destaca la poderosa.

El león de Belfast no es tan fiero como lo pintan y tiene miles de admiradores. Nos apabulla Van Morrison, sus temas se abalanzan sobre nuestros corazones. Somos esbirros de su música y como tal actuamos en consecuencia.

La música romántica es capaz de convertir cualquier encuentro en algo muy especial, un momento congelado en el tiempo, que hace que el resto del mundo desaparezca. Vamos con dos de los nuestros. Sin palabras.

El anuncio de la llegada nos sorprende cantando a dúo. Parafraseando al mítico programa de Paco Costas. Todo Dj merece una segunda oportunidad a este lado de esta gramola textualizada. Si ustedes nos lo permiten volveremos a viajar con nuestros vinilos del alma. Continuará.

Tino Carranava  es Periodista  / @tinocarranava

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