Antequera, en el centro de la humanidad

Antequera, en el centro de la humanidad

El centro de Andalucía, si Andalucía tuviera un centro, es Antequera, casi a medio camino entre la oriental y musulmana del antiguo reino de Granada y la romana heredera de la rica y próspera Bética, en el occidente. Desde hace mucho, intelectuales y políticos vieron en esta gran población una especie de resumen del genio andaluz. Anticaria para los romanos, Antequira para los árabes, de nombre desconocido para aquellos humanos de hace seis mil años que se asentaron en una llanura fértil y construyeron dólmenes que se alineaban con la impresionante montaña con perfil humano, que podríamos llamar el Gigante Dormido y los antequeranos actuales nombran como la Peña de los Enamorados. Es inevitable volver permanente la vista a esta elevación, que se torna mágica cuando sale o se esconde el sol.

Antequera9Diríase que la naturaleza ha bendecido a Antequera, y que los humanos han recogido los frutos de esta bendición. Es fácil llegar, porque es cruce de caminos en carreteras y trenes, como fácil es encontrarse con amigos, si vives en Andalucía, por sus calles. Por dentro es un pueblo andaluz, de paredes blancas y ventanas enrejadas, con iglesias y torres barrocas, y una alcazaba dominando en las alturas, como para que no se olvide que las culturas encontraron aquí tierra fértil donde mezclarse.

En los días buenos, si uno quiere encontrarse con su pasado, conviene acercarse en busca de nuestro propio pasado, al conjunto de dólmenes de Menga, Viera y El Romeral, declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad, para asombrarse de la obra humana de nuestros ancestros y tal vez volvernos más modestos por nosotros a la vez que orgullosos de nuestra especie. A poca distancia del centro, aunque hay que atravesar un poco atractivo polígono industrial, la visita guiada cuenta con la entendida y entusiasta explicación de los responsables del centro de recepción e interpretación.Toda una experiencia que es mejor vivir en temporada baja.

Antequera3El mismo consejo se puede dar para visitar el singular parque natural de El Torcal, todo un espectáculo de piedra, en el que el paisaje kárstico monta a su capricho escenas y figuras imaginadas de hombres, animales y construcciones arquitectónicas. La niebla que suele aparecer en mitad de la excursión dota de un ambiente aún más misterioso a cualquiera de las numerosas rutas que se pueden hacer por el recinto natural. Eso sí, en los días señalados es muy conveniente llegar temprano para no perder la paciencia y el buen humor haciendo cola en el coche. La aglomeración es la peor compañía para un turismo disfrutado como se debe.

En Antequera, en cuanto se quiera, con el solo requisito del espíritu dispuesto, es fácil disfrutar de la cultura bien entendida, esa que nos une de manera dulce con los que fueron antes que nosotros y los que serán después. Como billete para ese viaje, pocas cosas mejores que la porra antequerana, que bien preparada en sus dosis justas de tomate, ajo y aceite de oliva, adquiere ribetes de elixir de felicidad. Es muy parecida al salmorejo cordobés, pero no hace falta que se lo digan a los antequeranos. 

Texto y fotografías: M. Muñoz Fossati es Periodista. Subdirector de Diario de Cádiz. Autor de ‘Un corto viaje a Creta’ (Anaya Touring) y el blog “Mil sitios tan bonitos como Cádiz”

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Hay 2 comentarios de para este artículo
  1. Guiermo Ventin at 12:44

    Todo lo que ves te conquista la vista y el corazón al unisono, genera ese sentimiento algo que tenemos marcado a fuego en nuestra memoria ansestral. Pertenecemos al lugar!!!

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