Carmina, una mirada  centenaria con nombre propio

Carmina, una mirada centenaria con nombre propio

Dicen que rendir homenaje es una prueba de gratitud. En el Día de la Mujer, a través de la mirada centenaria de Carmina Cuenca Calabuig, vivimos una ciclogénesis nostálgica. Miles de recuerdos se agolpan en su memoria. El ferrocarril y la mítica estación de La Encina (Alicante) se transforman en un caleidoscopio que nos redirige al origen de nuestra protagonista.

El mundo del presente tiene su futuro ilimitado pero el de la nostalgia es limitado. Viajar hacia el pasado engrandece el espíritu porque fundamentalmente el destino vital que anhelamos puede estar en alguna vivencia pretérita.

Las fotografías, dice Sebastiao Salgado, son fracciones de segundo que relatan historias completas. Sin poner en duda al maestro brasileño, las historias insólitas y singulares de miles de mujeres anónimas que vivieron una época de sobresaltos y sacrificios merecen la extensión escrita del recuerdo. Tenemos que engrandecer y valorar la biografía de mujeres pioneras como Carmina Cuenca para afrontar nuestra propia existencia cotidiana. Querido lector, un día como hoy hay que alimentar el poder de la nostalgia sin condiciones. 

LA ENCINA I - AÑO 1946

La postal entrañable de la estación de La Encina y la fotografía del paso del Ave Madrid – Alicante, a escasos metros de la vía convencional, nos hacen reflexionar sobre el ahora y el antes de una forma de viajar; rica en culturas y dura en costumbres, protagonizada por el trabajo de los legendarios pioneros del ferrocarril como su abuelo y su padre, empleados de la Compañía de los ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA). Allí donde el tren se detenía, sin tiempo definido, donde la vía era sólo una mera nominación numérica y  las traviesas de madera eran más que (a) preciadas.

Nos afanamos en poner en marcha la máquina del recuerdo bajo la estrecha colaboración de su hijo Juan Enrique Lorente. La locomotora que arrastra vivencias y episodios vitales de la vida de Carmina gana velocidad. Era obvio que tenía algo especial. No había cumplido un año en diciembre de 1916 y estaba familiarizada con los sonidos de los trenes de vapor.

Su vida es un flashback de largo recorrido; nieta, hija, mujer y madre de ferroviarios. Del vapor al Ave con nombre propio. Aunque nunca fue ferroviaria en el sentido estricto de la palabra, sí en los enormes esfuerzos cotidianos desplegados para mejorar la vida de los suyos.

Con sangre ferroviaria por ambas vías, su trayectoria vital es una sucesión natural de imaginarios empleos que parafraseando el lenguaje del tren pasamos a relatar:

Viajes a contravía como un infernal trayecto en una plataforma de mercancías durante la Guerra Civil hasta Extremadura, con el único objetivo de ver a su hermano herido. Una muestra de constancia y capacidad de sacrificio no apta para todos los públicos.

La casa de Carmina era la prolongación de la terminal donde recibía a familiares y amigos. La cocina y el comedor un haz de vías donde se realizaban las operaciones de clasificación para formar la mesa.

Su plan de transporte cotidiano y el itinerario vital han estado marcados por el conjunto de operaciones; planificadas de manera estable para ayudar a la familia y los vecinos. Asignando surcos y encaminamientos sociales y educativos, con su forma de ser, a sus hijos y nietos.

La matriarca como factor principal de la familia, entre otras funciones, facturaba equipajes llenos de cariño y compresión mientras despachaba, como reconocida cocinera, billetes gastronómicos para disfrutar de sobremesas fantásticas. Aún hoy, nos apuntan, prepara semanalmente un icónico arroz caldoso con acelgas para toda su familia.

LA ENCINA II - AÑO 1946

Carmina ha sido testigo de jornadas infernales, capaces de quebrar la voluntad, por el poder condicionante de la climatología en forma de nieve. La titánica tarea cotidiana de vivir al otro lado de la estación.  Su retina recoge momentos protagonizados por el vapor y el diésel, desde el puesto de mando familiar, siempre de guardia, con una capacidad infinita de tracción familiar.

Biografías así nos enseñan cómo se pisa el terreno de la filantropía vecinal, la solidaridad entre los antiguos ferroviarios. La filantropía entendida como donación altruista del esfuerzo personal sin pretensión alguna.

Aunque vivimos abrazados al presente, nos mantenemos fieles a las pequeñas historias. El ferrocarril y el cine siempre han tenido vías paralelas. Carmina rebobina episodios de su biografía vital al igual que las cintas que se emitían en el particular Cinema Paradiso de La Encina (Círculo Recreativo Encinense) llegadas desde Valencia y Alicante por ferrocarril.  

En los tiempos que vivimos, con la amenaza que representa el auge del olvido en sus diferentes formas, intentar recordar es  algo que debería ser materia obligatoria.

Las imágenes pretéritas de los trenes al pasar por la estación de la Encina son la fuerza movilizadora que vive de forma omnipresente en la mente de nuestra protagonista.

La adrenalina nostálgica ferroviaria se dispara de manera cotidiana. El recuerdo desde el andén acelera el pulso. Inagotable la fascinación que genera el recuerdo de su marido, Juan Lorente Castelló, pionero trabajador de Renfe. Una misiva a los lazos que unen para siempre. A los recuerdos con sonido a vapor y sabor a carbonilla. Sus dos hijos Juan Enrique y Pepe hablan con admiración trufada de anécdotas y chascarrillos de quien todavía es un referente constante en sus vidas. El recuerdo, a veces sin proponérselo, alcanza el nivel de veneración. No es éste el caso. 

El control de las emociones está cerca de convertirse en realidad. Una carrera de fondo donde Carmina circula con normalidad, sin incidencias que afecten al desarrollo de su ciclo vital.

Próxima estación, el 6 de abril, con una parada técnica programada para celebrar su 101 cumpleaños. Continuará.

Tino Carranava  es Periodista  / @tinocarranava

Fotografías históricas estación La Encina: Fundación de los Ferrocarriles Españoles

LA ENCINA III - AÑO 1946

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