El Expreso de la Nostalgia: Chuck Berry, el guitarrista que cambió el destino del Rock

El Expreso de la Nostalgia: Chuck Berry, el guitarrista que cambió el destino del Rock

La casualidad gobierna nuestras vidas la víspera del Día del Padre. En pleno “prime time” fallero, tras la Nit del Foc, en plena verbena callejera, recibimos la noticia del fallecimiento del patriarca del Rock, Chuck Berry. Como un guiño a los acontecimientos, cargados de emotividad rockera, programamos un Expreso de la Nostalgia especial. ¡Rockeros al tren¡

La agenda del homenaje nos dirige a Chicago en busca del auténtico y primigenio Rock and Roll de los estudios Chess Records. El edén musical podría ser este pequeño archipiélago discográfico a donde llegó procedente de su natal Saint Louis, a mediados de los 50,  con una carta de recomendación del mítico bluesman Muddy Waters. Sus canciones invitan a una inmersión musical. Por eso es bueno empezar por lo que nos une y vale para todos.

La voz y las cuerdas de su guitarra eléctrica siempre siguieron vías paralelas. El maquinista principal de la locomotora del rock nos demuestra su destreza inicial al transformar una melodía del lejano country, con toques de woogie boggie en la irresistible:

Los episodios malditos, con cárcel incluida, en la longeva biografía de Chuck Berry, son un asunto menor frente a la cuestión capital de su legado musical y el sinfín de versiones interpretadas por los (in)fluidos Rolling Stones, Beatles y Beach Boys, entre otros. Afortunadamente, tras salir de prisión, sus temas son una fuente permanente de inspiración que  perpetúan su obra y le permiten navegar vitalmente entre un océano de royalties gracias a las interpretaciones de sus hijos artísticos más influyentes.

Los himnos se suceden a largo del viaje. La paleta de Chuck Berry abarcaba muchísimos matices. El legendario músico abrazaba el country, el blues y la música fronteriza, sin perder su auténtico adn rockero.

Algunas de sus canciones sintetizan a la perfección el paisaje vital de la juventud americana de los sesenta.

Su apuesta por el culto al lenguaje rockero como instrumento principal era concebida como un objeto de deseo. La guitarra eléctrica da vida a creaciones atemporales donde la letra destaca por encima de todo.

Líder espiritual del rock. Su figura musical, discretamente mesiánica, nunca desaparecía del foco artístico de grupos históricamente influenciados por su obra.

Chuck Berry asume las tinieblas vividas y ofrece soluciones. La biografía entrometida y molesta de sus inicios nunca interfirió en su música. Algunos apuntan que descubrió la cura para el cotidiano blues mediante su venerada poesía rockera y los fraseos inconfundibles de su reverenciada compañera eléctrica.

 El gusto musical es proclive a dividirse; aglutina, siempre por fortuna, innumerables elecciones de temas. Afortunadamente, el Rock and Roll, siempre tan voraz, nunca devoró a nuestro ilustre viajero. El vacío intemporal de nuevos discos siempre era cubierto, por su certeza rockera, en conciertos donde perpetuaba todos los géneros.

En un momento particularmente intenso del viaje nos acercamos a un torrente de emociones encontradas, furor rockero y des(concierto) vital. Captamos la naturalidad del rock and roll en canciones que demuestran ser un imán como la más que defendible versión, bajo la inconmensurable voz de Linda Rostand, del  Back in the USA.

La consabida ambigüedad del ecosistema rockero no se confirma en este caso y muestra su unanimidad ante la obra del maestro. Para muestra John Lennon “De ponerle otro nombre al rock habría que llamarlo Chuck Berry”.

Sobrevivir artísticamente hasta los noventa años es más que convencer.

Omnipresente y honoríficamente legendario a pesar de las memorias truncadas. Su música vivirá para siempre con el ferrocarril también como protagonista.

De sobresalto en sobresalto. Tratamos de enderezar el rumbo nostálgico. Nuestro viajero universal ya estaba de vuelta antes de que nosotros empezáramos a recorrer este camino que nos parece tan genuino. Cuando escuchamos un tema, con el deber de ilustrarlo, buscamos el silencio del vagón. Palabras mayores. Para disfrutar escuchar primero y hablar después.

El número de devotos nostálgicos rockeros crece a toda velocidad, en diferido desde el andén, tras una breve parada. Los usos y abusos de rock no tienen fin. Hay temas que documentan el meteorito travestismo del rock  frente al blues rítmico como refugio cotidiano.

Abducidos quizás por sus seguidores ilustres, exprimimos todas las posibilidades de sus canciones. Extasiados y desbocados. Observamos como un viajero dibuja una preciosa obertura artística y genuflexa imitando su baile  del pato.

Chuck Berry sostenía que el rock and roll era el destino final de la dialéctica musical del blues y el country; que consistía en apelar a los sentimientos eléctricos de la esencial guitarra.

Sus canciones versionadas hasta la extenuación no tienen líneas de sombras, sólo tiempos específicos, sincronías universales, bajo la calidad excelsa de su guitarra, y letras donde se entremezclan las prestaciones de un coche  y el anhelo por la libertad personal.

Sabiduría rockera universal que influye y macera los estilos de una gran carta de grupos y artistas: Valores rockeros que reconcilian al viajero más exigente. Es difícil exagerar la importancia de Chuck Berry. El poeta del rock recuperó protagonismo, en los años noventa, bajo los auspicios de sus grandes admiradores. Su efímera presencia en los conciertos era una sacudida para todos los fans. La tiranía musical no se puede  discutir y de eso Keith  Richards sabe mucho como uno de sus grandes admiradores.

A veces la realidad supera a la ficción. Esta es la mejor fórmula de articular el final de este viaje musical.  El rock nunca muere y para muestra su disco póstumo: “Chuck”.  

Próxima estación… Hail! Hail¡ Rock and Roll.

Tino Carranava  es Periodista  / @tinocarranava

Fotomontaje locomotora: Amparo Domingo

Comparte y disfruta:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *