Tambores lejanos

Tambores lejanos

Tardó cinco minutos en decidirse y comprar el billete. En apenas dos horas y 43 minutos había cambiado la fuente de la Cibeles por una atestada estación de tren de Málaga. Apenas le había dado tiempo a ojear el periódico y ver una película. Cuando se quiso enterar estaba andando fuera de la estación. Había llegado en plena tarde, solo, sin equipaje, sin una idea clara de lo que iba a encontrarse en Málaga y con un único objetivo: vivir la experiencia de la Semana Santa que su amigo Manolo le había ido contando en el trabajo todos los días. “Al final ese malagueño liante no sé cómo me ha convencido para terminar aquí”, pensó mientras caminaba desconcertado por la calle. De pronto escuchó algo que le llamó la atención. Un sonido cadencioso que parecían tambores y cornetas. Guiado por el sonido, encaminó sus pasos hacia una nueva experiencia.

Al poco empezó a ver unos capirotes de un azul diferente y capas blancas. Era una procesión pequeñita, elegante, en la que iba sonando una banda de cornetas y tambores detrás del trono de Cristo, abrazado a la cruz. Y tras los nazarenos azules, ya se atisbaba una Virgen en un trono de plata. Se quedó paralizado. Le chocaba la forma de llevar los tronos, con tanta gente llevando el paso a la vez y casi siguiendo el ritmo de la música. Las silenciosas filas de nazarenos y el barroquismo de los tronos. Le preguntó a una señora que estaba con sus amigas qué era eso. “Una procesión ‘shiquillo´, qué cosas preguntas”, contestó con media sonrisa. “Es que soy de Madrid y acabo de llegar. Una cosa, ¿qué lleva la Virgen en las manos?”, inquirió. “Esta es la cofradía Mediadora, la primera que sale hoy y la Virgen lleva una jábega de plata, que es un barco muy de aquí”, le aclaró.

SSMalagablog2

La música seguía sonando detrás del trono mientras se alejaba y él se quedó parado, pensando en lo que había visto. De pronto se dio cuenta de que estaba solo y empezó a andar, de nuevo siguiendo el sonido de un tambor que se escuchaba a lo lejos. Había llegado a una gran zona arbolada, con tribunas y sillas alrededor. No se podía pasar. “Sólo si tiene el abono, señor”, le indicó un vigilante. Detrás de él pasaban unos nazarenos negros, con una especie de faja que parecía de un material duro: “Es esparto”, le explicó el vigilante, son los Salesianos, que vienen del colegio. Son gente muy seria”. El trono pasó y no pudo dejar de mirar a los ojos de esa imagen de Jesús, cargada de dolor y perdón. La música, el olor del incienso y el silencio de los nazarenos le transportó a otra época a otro mundo. Volvió de nuevo de forma abrupta. “Si va por allí se encontrará con Fusionadas, son cuatro tronos y van los ‘paracas’”, el vigilante le señalaba el camino. Una vez en Atarazanas empezó a ver pasar los tronos, unos tras otros. Una sinfonía musical, de colores, de sensaciones se mezclaban en él, pasando del impacto visual de Azotes, al movimiento de Exaltación, a la seriedad de Ánimas acompañado con el Bolero de los Paracaidistas que escoltan al trono y terminando por la elegancia y movimiento del palio que cubre a la Virgen del Mayor Dolor

CofradeMalagablog

“Perdone, ¿qué lleva el niño en la mano?”. Entre tronos, nazarenos, bandas e incienso no había podido dejar de fijarse en un niño con una especie de pelota multicolor, que iba saltando de nazareno en nazareno como si fuera una abeja. “Es una bola de cera. Muchos niños piden cera a los nazarenos y la van formando, pero es tan grande porque empezó hace dos años”, explicó su padre con cierto orgullo. No era para menos, la pelota de cera iba camino de ser más grande que su cabeza. Aprovechando la disposición a hablar del padre, le empezó a preguntar sobre esa cofradía, conociendo que tienen otros dos tronos más que salen otros días y que se llama Fusionadas porque es el resultado de la fusión de varias hermandades. “Esta es la cofradía de Antonio Banderas”, comentó. “¿En serio? y ¿está aquí?”, preguntó con mucha curiosidad. “Él sale el Domingo de Ramos dirigiendo el trono de la Virgen de Lágrimas y Favores de esta cofradía. pero cuando se pone la túnica y se tapa la cabeza, es uno más. Nadie le molesta y ni se te ocurra pedirle un autógrafo, que no te dejamos”, contestó con una carcajada y guiñándole el ojo.

Era uno de los portadores de ese trono y le abrió los ojos a lo que significa pertenecer a una cofradía: “Todos somos iguales, hermanos. No importa en qué trabaja cada uno o qué ha hecho en la vida, nos ayudamos y nos tratamos sin diferencias”. 

CofradeMalaga2

Tras despedirse de este padre y de su hijo, que llevaba tiempo reclamando una torrija y un batido de chocolate, siguió andando. No sabía donde iba, pero de nuevo los tambores le anunciaron que algo pasaba un poco más arriba. Vio a un Cristo muy guapo cruzando un puente con dos hombres muy feos tirando de Él con cuerdas y se quedó sorprendido cuando, al poco, vio el escudo de Madrid. “Pero si son de Madrid”, dijo en voz alta. “Claro, es la Paloma que está hermanada con el Ayuntamiento de Madrid y viene siempre una representación. Espérate que ahora sale el trono”. Quien le hablaba era un chico joven con cámara, que no paraba de sacar detalles. De pronto vio que se metía en la muchedumbre de una calle estrecha y por allí vio aparecer un trono inmenso de una Virgen. No iba a caber por la calle, pero seguían avanzando. El palio rozaba los balcones, donde el público alargaba la mano para tocar el palio y besarlo. Parecía imposible, pero pasó por centímetros y decenas de palomas eran soltada a su paso por el público. Tenía la sensación de que este viaje se le iba a quedar corto.

Hermanpalomablog

Desde más arriba llegó otra cofradía con nazarenos rojos y malvas, tronos de tamaños desconcertante y una escena representada con todo lujo de detalles, caballo incluido, en el que el Crucificado recibía una lanzada. “Debe pesar muchísimo”, pensaba cuando vio salir a la Virgen de Consolación y Lágrimas salir de la casa hermandad y dar una curva llena de precisión y orden para seguir a los nazarenos.

Cansado se sentó un poco en la calle, probó los limones ‘cascaruos’ que vendían en la calle, aunque no pudo evitar poner una mueca y entabló conversación con una familia sentada a su lado. Por ellos supo que había un trono que liberaba a un preso. La cofradía de El Rico y el Amor estaba ya en el recorrido de vuelta y se acercó a verla. El preso vestido de negro iba delante del Cristo. Unas horas más y estaría libre y perdonado. La imagen del Señor le impresionó por su delicadeza y dulzura en la mirada. No lo hizo menos la Virgen del Amor, que iba detrás, y que parecía una niña desvalida, aunque estuviera vestida como una reina. Acompañó a los tronos hasta el final. En la casa hermandad se sucedieron las marchas, se levantaba a pulso, aplausos, gritos de “viva”, toques de campana, apreturas. “Manolo me contaba esto pero no me lo imaginaba así”, pensaba sin quitar ojo del encierro. Al terminar escuchó a unos jóvenes hablar: “Vamos a ver a la Expiración y a la Guardia Civil, que ya deben estar fuera del recorrido oficial”.

No pudo encontrar mejor final. La riqueza del patrimonio o la elegancia de la Guardia Civil de gala le impresionó, pero lo que le sedujo fue la visión del Cristo de la Expiración en su imponente trono y la delicadeza de la Virgen de los Dolores Coronada, rodeada de plata y bordado en oro. 

Eran las 5.30 horas. El Miércoles Santo había terminado. Estaba tomando café y churros con un grupo al que había conocido siguiendo a la Expiración.

Iba a coger el tren de vuelta una hora después. ¿O quizás se quedaba un días más? “¿Como decías que es el Jueves Santo en Málaga?”, preguntaba con curiosidad.

Miguel Ferrary es  Periodista de La Opinión de Málaga / @Miguelferrary

Fotografías: Arciniega (Fusionadas) / Alex Zea (Hermandad La Paloma)

Comparte y disfruta:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *