Medina Azahara, compartiendo el sueño del Califa

Medina Azahara, compartiendo el sueño del Califa

Córdoba tiene un encanto que la hace única en el mundo. Su conjunto de recuerdos de otros tiempos de un mayor esplendor, sus patios poblados de flores inundando las calles de perfume natural, el “graciejo” de sus rincones, o el hablar de sus gentes. El recorrido de la judería y ver junto a la muralla la efigie de Séneca o la interior de Maimónides. La Mezquita, los Alcázares Reales, la Sinagoga, el templo romano…Todo es un recuerdo de la magnificencia de una ciudad que fue capital cultural del  mundo bajo el Califato Omeya. De todo se puede y se debe hablar.  Pero hay más, algo que se suele escapar, quizás cada vez menos, pero que aún queda un poco a trasmano del visitante. Se trata de los restos de la emblemática ciudad de Medina Azahara, o como realmente habría que llamarla, Madinat al-Zahra. Un lugar de ensueño,  recuerdo del poderío del califa Abderramán III.

Situada a ocho kilómetros de Córdoba en las estribaciones de una  ladera desde la que se domina el valle del Guadalquivir, se encuentran los restos de esa maravilla arquitectónica que fue mandada construir por el primer califa de Al Andalus a finales del año 936, diseñada para ocupar tres terrazas, adoptando una forma rectangular con su mayor longitud, 1.500 metros, entre el este y el oeste; y la parte más corta de ese rectángulo, de 750 metros, de norte a sur.

Medina Azahara, ¿Qué significa? ¿Por qué ese nombre?

Pues la explicación es sencilla y a la vez complicada. Se trata de un nombre que pudo deberse al amor que tenía el califa por una de sus favoritas. O quizás se deba a una ostentación del  propio Abderramán para demostrar al mundo su poderío, o…, para todos los gustos hay.

La leyenda, que siempre tiene algo de veracidad y que desde luego es mucho más romántica (me atrevería a decir que más hermosa) que la cruda realidad, atribuye el nombre de la ciudad al de la favorita al Zahra (Azahara), la esposa favorita de Abderramán, y que la construcción llevaría esta denominación en su honor. Así sería, “la Ciudad de Al-Zahara” o “la Ciudad de la Flor de Azahar”. Pero como también puede traducirse por “resplandeciente”, pues es mucho más práctico hablar de una razón política para la construcción de tan hermosa edificación y hacerlo como referencia del poderío del califa, siendo la ciudad donde resplandece el poder del mismo.

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Hoy en día no quedan los suficientes restos bien conservados que permitan, como puede ser el caso de la Alhambra de Granada o de la propia Mezquita de Córdoba, admirar la ciudad. El paso del tiempo, la distancia de la urbe, el robo de las piedras de construcción para otras obras posteriores, ha dejado Medina Azahara en un conjunto más o menos estable de apariencia algo más ruinosa, aunque no por ello ha perdido su encanto, si bien hay que imaginarse cómo debían de ser sus edificios.

En Centro de Visitantes, museo, inaugurado en octubre del año 2009, punto de inicio de la visita, que está a unos dos kilómetros escasos de la entrada de la ciudad, ofrece la posibilidad, además de ver algunas piezas interesantes, visionar un documental de uno minutos donde se explica cómo se construyó la ciudad y como era, con lo que se puede retener una visión en la mente de la misma con la que afrontar el recorrido. Desde allí hay que subir en un autobús lanzadera hasta Medina Azahara, dado que está restringido el paso de vehículos particulares.

Y…de repente…ahí está. Esa es, quizás como canta el grupo musical del mismo nombre que la ciudad, “una edificación hecha por amor”.

La Puerta Norte da acceso a las tres terrazas en que está dispuesta la ciudad. En una de ellas se encuentra la zona residencial del califa; a continuación las dependencias oficiales y militares; y, por último, la ciudad donde habitan los artesanos, donde hay viviendas para sus moradores. Junto a ella la Mezquita Aljama, rodeada de una muralla interior que separe una zona de otra.

Se entra por la Puerta Norte que abre el camino de la muralla, y desde allí se puede hacer una visita al uso de cada uno, recorriendo dependencias a su mejor albedrío, o bien a través de la bien señalizada vía que cuenta con los carteles apropiados para saber que es cada conjunto.

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Los jardines y el estanque central

Arcos de clásica construcción árabe destacan entre los restos que quedan de la Casa Militar, que aún conserva el suelo original de ladrillo. Con los muros otrora pintados de blanco y el zócalo en almagre. Las columnas de los arcos en el clásico rojo y blanco. Sorprendente es el llamado Gran Pórtico, que se encuentra frente a lo que fue la plaza de armas. Y desde allí, atravesando un lienzo de muralla se llega a los jardines y al gran estanque central que forma ante  el Palacio Califal, ante el Salón Rico. Se trata de la parte más valiosa y mejor conservada de la ciudad. Este salón era el eje central de la actividad política de Medina Azahara. Cuenta con tres naves longitudinales remarcadas por los oportunos arcos de herradura. Actualmente se encuentra en proceso de restauración de algunas de sus partes por lo que no es posible visitarlo.

Más muralla, más restos de lo que fueron casas donde quien sabe que miles de historias se sucedieron. La Casa de la Alberca, la de Yafar, la Casa Real…, ¡ah¡ si las piedras pudiesen hablar cuántas cosas nos podrían contar de esta magnificencia arquitectónica y de la vida del siglo X de nuestra  historia!. Y cómo no, en un terreno más despejado, fuera del recinto amurallado general, está la Mezquita Aljama, bueno los restos de lo que sería este lugar de rezo, a su entrada unas palmeras acompañan la planta de lo que fue un edificio de 25 metros de largo y 18 de ancho.

El recinto completo se puede recorrer en algo más de una hora, y disfrutar de una estancia diferente en una ciudad como es Córdoba, reina del mundo bajo el Califato Omeya, que ofrece algo más a quienes quieran visitarla aprovechando la rapidez de un medio de transporte como es la alta velocidad ferroviaria que ofrece en sus trenes Renfe y que permite llegar en menos de dos horas hasta esta localidad andaluza.

J. Felipe Alonso es  Periodista y Escritor, estudioso de leyendas y costumbres.

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