Cordero Beach: Ll(Ave) de Segovia

Cordero Beach: Ll(Ave) de Segovia

Sepultados por el inicial aquelarre de las subidas de temperatura en el Mediterráneo, nos proponen visitar la Costa del Cordero. La agenda viajera nos dirige a Segovia en busca del auténtico lechazo al horno. El organizador de la experiencia “gourmetren” no oculta su estrategia para convencer al grupo. En plena playa de la Malvarrosa (Valencia) confirma que el tiempo de viaje en Ave, entre ambas ciudades, es similar al asado del lechazo en el horno de leña. Cerca de 3 horas. Corderos de raza churra que se asan sin ningún aditamento. Fruto de este mensaje, de información privilegiada, somos reclutados para el viaje.

Aunque la visita a una zona hostelera desconocida provoca cierto desasosiego, entre parte del grupo de viajeros, no es necesario establecer un amplio dispositivo de rastreo gastronómico ni forzar los paladares para garantizar el éxito de la sobremesa. No hay noticias de ningún turista náufrago. En la mayoría de los restaurantes y figones (asadores) se garantiza un fantástico cordero lechal asado con madera de chopo en hornos de adobe. Este plato forma parte de la espina dorsal de la hostelería segoviana. 

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El edén culinario podría ser este “archipiélago gastronómico” conocido como la Costa del Cordero. Un litoral culinario por los cuatro costados de la provincia segoviana donde este plato invita a una inmersión gastronómica para ver sus fondos gustativos.

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A pesar de realizar una singladura gourmet (re)conocida, en coche de alquiler, desde la estación de Segovia-Guiomar vamos provistos del equipo de (super)vivencia hostelera a pleno rendimiento, balizas gustativas y bengalas de aviso gastrónomo mientras nos disponemos a buscar el restaurante recomendado.

Un mar de tierra salpicado de hierbas aromáticas como el romero y el tomillo, el cantueso, la jara y el espliego ideales para la crianza del cordero nos recibe al dejar la capital segoviana. Recintos amurallados medievales que protegen las plazas mayores como escolleras portuarias. Una costa interior con un patrimonio histórico, artístico, documental y arqueológico de altura, con fabulosas vistas panorámicas. Plazas mayores, soportales medievales y castillos flotan en este paisaje castellano como museos de arquitectura popular, con casas entramadas de madera y casonas solariegas adornadas con blasones y rejas.

Nos adentramos en el interior de la Costa del Cordero en busca de los rincones más cautivadores. La N-110 se convierte en un paseo marítimo que nos transporta hasta las diferentes playas culinarias. La escapada sirve para encumbrar la cima culinaria segoviana. Navegamos por la citada carretera, marcha a la vista, con la infalible carta náutica gourmet con sus perfiles culinarios perfectamente señalados. El gps que proporciona al turista la latitud hostelera ideal y la longitud culinaria deseada se vuelve inestable y nos desplaza hacia Pedraza, avituallamiento deseado y visita obligada, para llevarnos finalmente hacia Sepúlveda donde lanzamos el ancla: Figón Zute, El Mayor Tinín y El Figón de Ismael. El aroma del buen cordero nos lleva hasta su plaza Mayor, por sus calles bien trazadas, por la antigua judería y por el arrabal de Santiago.

La calidad de sus asados nos intimida. Un collage de tapas: torreznos, chorizo, morcillas  la reivindican como paraíso de calidad estratosférica. Pero hoy toca rendir tributo al lechazo al horno. Tras probar el llamado marisco de Castilla, unas mollejas  forman un perfecto prólogo a lo que nos aguarda. Después de  la deliciosa coreografía de entrantes el lechazo al horno centra todas las miradas. Máxima solemnidad y expectación ante la llegada de los cuartos de cordero demandados que confirman las predicciones. Controlamos los ímpetus, mientras se inicia el culto al asado. Hay platos que nacen con el destino escrito. Una profecía viajera que se impone con rotundidad. El lechazo al horno tiene a favor a todas las voces autorizadas.

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El reencuentro con el legendario lechazo es grato. Este plato se niega a envejecer, siempre de moda y con personalidad, sin premeditaciones gustativas, solo con el acompañamiento de la clásica ensalada. Gastronomía infatigable, de paladar fácil, donde las entradas transitan por la senda gourmet de manera ortodoxa junto con la sabiduría “sommellier”, universalmente macerada por la cercana Ribera del Duero.

Otros puertos gastronómicos, más que interesantes, son las poblaciones de Torrecaballeros, Turegano, Riaza y Sotosalbos donde encontrarán, con facilidad, un amarre gastrópata de primer orden

Pocas cosas resultan tan estimulantes como viajar a algún lugar y sumergirse en su cultura gastronómica mientras se conoce la hostelería local, aunque sea puntualmente, como cualquier cliente autóctono. El viaje se convierte en un heraldo continuado de estímulos  permanentes. Nos quedamos con una certeza indiscutible. Es difícil exagerar la importancia del lechazo. Pocas rutas gastrónomas ofrecen tanto y tan bien. Excelencia y calidad endémicas con infinitas realidades culinarias. El lechazo al horno, como plato fetiche, se reinventa cotidianamente con la visita de miles de turistas.

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¿Cómo llegar?

Los servicios Ave y Alvia ya forman parte del adn de las escapadas gastrónomas. No renuncien a este privilegio con tarifas promocionales de hasta el 70 por ciento.

Al final de la escapada gastronómica parafraseando a Séneca: “el viaje y el entorno aportan vigor a la mente”. Aunque estas excursiones tienen un carácter efímero los recuerdos son inolvidables. Abran los paladares y recordarán la jornada.

Durante el fin de semana nos acompaña un capitán gastrónomo anónimo que se refugia detrás de un paladar perfilado. Nuestro acompañante nos pide la palabra en el andén de la estación de Segovia Guiomar y estamos obligados a concederla. “El lechazo al horno lo tiene todo, habrá que volver”. Entendemos el mensaje. El asado nos acerca a la filiación eterna. Consumo longevo y querencia ciclópea al servicio de la hegemonía ovina. 

La tertulia en el trayecto de vuelta parece premonitoria de otro futuro advenimiento gustativo, con el cochinillo como protagonista. Al final como corolario del viaje, un solo horizonte muy elocuente: La deriva gastrónoma viajera nos embarcará en una nueva escapada otoñal hacia Segovia. Pero eso será otra historia. El Ave no entiende de fronteras. Los altiplanos culinarios unen y los túneles gourmet tampoco separan. 

Si la buena gastronomía encabeza su lista de pasiones. No tienen excusas. Hasta los paladares, con nulo donaire, se restablecen durante el viaje por “Cordero Beach”

Tino Carranava  es Periodista  / @tinocarranava @gourmetren

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