De paseo por el parque de El Retiro

De paseo por el parque de El Retiro

Madrid, como todas las grandes ciudades del mundo, tiene muchas “cosas” que ver. Sus museos, espectáculos, su cultura en general, sus edificios, su gastronomía, los recovecos de sus callejuelas intrincadas en el barrio antiguo de los Austria, sus paseos… Pero…además de todo ello hay algo más, un más que no se debe perder ningún visitante, sea la época del año que sea, y que es original, una experiencia única en el mundo. Hablamos de recorrer por espacio de un tiempo, cada cual puede dedicarle el que crea oportuno, los caminos que surcan el Parque de El Retiro, verdadero pulmón verde de la capital situado en pleno centro de la misma.

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Los “mediocres” lo quieren comparar a menudo con otros dos parques simbólicos para su ciudad, el londinense Hyde Park y el neyorkino Central Park, para intentar reducir su importancia por ser de menor tamaño que estos dos, sin comprender que también Madrid es menos extensa y menos poblada que Londres o Nueva York. Además, seguiré aplicando el término “mediocre” porque parece que desconocen que esos dos “alabados jardines” no tienen la cantidad de plazas, de fuentes, de esculturas y de riqueza paisajística que posee nuestro buen Retiro, capaz, además de competir y superar en la antigüedad de muchos de sus árboles. Sin contar, que ya contaremos, la existencia en él de una escultura única en el mundo por su dedicación a determinado personaje de gran importancia para la sociedad mundial.

Un poco de historia

El parque data de la primera mitad del siglo XVII y fue desarrollado sobre el terreno de una antigua posesión del conde duque de Olivares, para el disfrute del rey Felipe IV. Hubo que esperar al año 1767, cuando Carlos III , “el mejor alcalde que Rey” lo abrió al público en general, sirviendo de disfrute a todas las clases sociales, en especial a la burguesía y aristocracia de la Corte madrileña que lo utilizó, entre paseo y paseo, para cerrar negocios, encuentros amorosos, y quien sabe si hasta proclamas políticas. Ya en 1868 quedó bajo la tutela del Ayuntamiento de Madrid.

Pero no es de historia de lo que vamos a hablar, que eso cualquier visitante lo puede encontrar en las referencias turísticas que sobre Madrid hay, sino de un paseo relajado, admirando la vegetación, las flores de la Rosaleda, las barcas que surcan el estanque o las diferentes esculturas que aparecen por doquier.

Paseos y Estanque

Hay diecisiete puertas de entrada al parque, la más conocida en la de la Independencia que está frente con frente con la Puerta de Alcalá. Otras de cierta importancia son las de Felipe IV; la de España; de Madrid; de Hernani… Si se entra por la Puerta de Madrid, se está en el antiguo Paseo de Coches, donde en década de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado se hacían carreras de motos. Y Si por el contrario se accede por la Puerta de España, se está en el Paseo de las Estatuas, dedicadas a diversos reyes españoles, llevando directamente al Estanque.

El Estanque es uno de los puntos de reunión más curiosos del parque, allí, al pie del monumento a Alfonso XII, se puede alquilar una barca de remos y recorrer plácidamente esa superficie, no tan grande como la de Hyde Park, pero si “apañada” para pasar un buen rato, sobre todo cuando cae la canícula sobre la capital. También hay un catamarán solar que da la vuelta completa al recinto para disfrute de los más pequeños. A su alrededor, músicos ambulantes, echadores de cartas, terrazas donde tomar un refresco…

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Un poco más allá, al final del Estanque y hacia la derecha de la escultura de Alfonso XII, se encuentran los construcciones sigulares, el Palacio de Velázquez que sirve para exposiciones temporales; y el Palacio de Cristal, al borde de un pequeño lago donde el agua muestra su fuerza con un chorro lanzado hacia el cielo alcanzando una decena de metros.

El Ángel caído

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Caminando entre árboles vetustos se puede divisar al final de una rampa, una escultura singular, una figura única en el mundo por su temática. Se está llegando a la plazuela del Angel Caído, y como ya he dicho, la única escultura del mundo dedicada al “Demonio”.

La escultura es obra del artista madrileño Ricardo Bellver, que la realizó en 1877 en yeso, y que se quiso llevar a la Exposición Universal de 1878 en París, para lo cual tuvo que fundirse en bronce. Posteriormente regresó a Madrid, donde formó parte de la colección del Museo Nacional, para ser cedida al Ayuntamiento con la obligación de exponerla en un lugar público, lo que se hizo en el Retiro en una zona que ocupaba antiguamente la Fábrica de Porcelanas de la China. Su pedestal, para formar la fuente, es posterior, de 1885 y se debe a la labor del arquitecto Francisco Jariño

Representa a un ángel de bellas facciones con las alas desplegadas cayendo hacia atrás con una gran serpiente enroscada en su cuerpo que parece arrastrarlo hacia las profundidades, posee unos 2,65 metros de alto, y lo más curioso es que se encuentra en una plazuela sita a 666 metros de altitud. ¿Casualidad?

Casa de Fieras

Pero el paseo continúa, y de regreso a la misma puerta de entrada, la que comunica con la calle de O’Donnell, se puede ver el  recuerdo simbólico y gráfico de lo que fue el primer zoológico de Madrid, la Casa de Fieras, disfrute de los visitantes desde 1770 hasta 1972, cuando se inauguró en la Casa de Campo, el nuevo Zoo capitalino.

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Ha sido un breve recorrido, pero si se quiere ver más, baste con recordar que quedan muchos monumentos, muchas fuentes,  monumentos decorativos que descubrir, árboles centenarios junto a los que sentarse, y quizás, quizás…tener la suerte de poder dar de comer a alguna de las ardillas que en el parque habitan, algo tímidas por la presencia de otros compañeros de fauna de cuatro patas, y por los propios dueños de dos piernas de estos amigos de paseo.

Madrid merece una visita. El Parque de el Retiro, un paseo.

J. Felipe Alonso es  Periodista y Escritor, estudioso de leyendas y costumbres.

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