Toledo: a quien el tajo rinde honores

Toledo: a quien el tajo rinde honores

Visitar Toledo es recorrer la Historia de España, y querer conocer la Historia del país, es pasear por Toledo, la romana, la visigoda, la musulmana, la castellana, la comunera, la imperial, la… Aquella ciudad que fue cuna de una nación, y a la que, curiosamente, un río con tanta fuerza, con tanta potencia, como es el Tajo, rinde honores, no quebrándola por en medio, sino humillando su cabeza y rodeándola, como protegiéndola del tiempo y del espacio.

Nada se debe perder aquel que desee conocer, al menos por unas horas, una ciudad con tanto poderío histórico artístico como es la lejana Toletum, la medieval Toledo alfonsina, donde se instauraron las “tres culturas” y de donde salieron grandes obras de ilustres eruditos cristianos, árabes y hebreos. Pero… no nos vayamos de la visita, del recorrido que se debe hacer, de esos monumentos que se pueden visitar, y de unas cuantas leyendas que se pueden añadir y hacer, aún más interesante, ese recorrido.

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Mi consejo es, si me lo permiten, y ya que soy quien escribe esta historia, me lo voy a permitir a mi mismo, que lleguen en tren desde Madrid. Se tarda una media hora, y la primera maravilla es la estación toledana del ferrocarril, disfruten del entramado de sus vigas, de la fuerza de sus ventanales y del conjunto del edificio que es un aviso, precioso anuncio, de lo que se va a encontrar recorriendo después la población.

Después en autobús o andando (en este caso a través de las murallas) se llega hasta la plaza más importante, la de Zocodover, y desde allí a dejarse llevar por calles y callejones: Calle del Comercio, Catedral con la famosa Custodia de Arfe; Palacio de Fuensalida y el magnífico cuadro del Entierro del Conde de Orgaz; la Casa de El Greco; la Sinagoga; la Iglesia de Santa Cruz; el Alcázar; la Puerta de Bisagra; el Baño de la Cava sobre el Tajo… Y mucho más que dejo en el tintero para no agobiarles. Y leyendas…

Leyendas de Toledo

¿Cómo no va a tener una y mil leyendas esta milenaria ciudad? Una de las más conocidas es, sin lugar a dudas, la de la Cueva de Hércules y el Palacio Encantado. Cuenta la tradición que el héroe mitológico Hércules llegó a Toledo y construyó allí un palacio en el que guardó un fabuloso tesoro. Al irse de la ciudad ordenó que se pusiera un candado en la puerta y que nadie lo abriese. Y así se fue cumpliendo a lo largo de los años. Todo rey que llegaba a la ciudad colocaba un candado en la misma puerta. Con el paso del tiempo se llegó a tener veinticuatro candados cerrando la entrada. Y en esto apareció por Toledo el rey visigodo Rodrigo, al que se pidió por parte de las autoridades locales que colocase un nuevo candado. Pero él se empeñó en entrar en el palacio. Rompió los candados saltándose la tradición y ganándose la maldición que suponía.

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Dentro del palacio había cuatro salas. Una de ellas era blanca como la nieve; la segunda negra como la pez; la tercera verde como una esmeralda; y, la cuarta roja como la sangre. En la tercera encontró un arca finamente labrada y quebrantó su candado para ver qué tesoro contenía.

En su interior encontró un lienzo que tenía pintados hombres de extraña vestidura con arcos, flechas, lanzas y desconocidos pendones, montados a caballo, y había, además, una inscripción que decía:” Cuando este paño fuere extendido y aparecieran esas figuras, hombres que andarán así vestidos conquistarán estas tierras y se harán de ellas señores”.

Era el año 711, y todos sabemos lo que pasó en esa fecha, con el paso del Estrecho del ejército de Tarik y la derrota de Rodrigo a sus manos en la batalla del río Guadalete.

Realidad o ficción. El palacio no existe, o si existió en algún momento puede que esté dentro de alguna de las casas del casco viejo, ya que hay miedo a hacer obras domésticas y a tirar un tabique pues el dueño del edificio se puede encontrar con algún resto que le paralice la obra, esa es la riqueza misteriosa de Toledo. 

Noche Toledana

¿Saben ustedes de dónde viene aquello de una “Noche Toledana”? Pues es muy sencillo. En el año 812 hubo una revuelta en Toledo contra el emirato de Córdoba, que incluso supuso el asesinato del gobernador de la ciudad. Enviado a atajar la rebelión el padre del asesinado, éste sorprendió a todos sin tomar venganza, dedicándose tan sólo a apaciguar la revuelta. No obstante lo tenía bastante claro.

Un tiempo después, con motivo del paso por Toledo de Abderramán, organizó una cena e invitó a todos los nobles, y según iban entrando éstos en una sala para rendir pleitesía al enviado de Córdoba, iban perdiendo la cabeza a manos del verdugo.

Vamos que la cena les sentó bastante mal a los nobles, cuyas cabezas adornaron al día siguiente las murallas toledanas.

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Pero hay más, mucho más, difícil de contar en pocas líneas. Llega la tarde, la noche, y si aún están recorriendo alguno de los callejones, de las calles estrechas, por donde, afortunadamente, no cabe un coche, y  cierran los ojos, se puede soñar con las espadas chocando en duelos por amor o en defensa del honor.

Y así nos lo hace saber la famosa zarzuela “El huésped del Sevillano”, cuando al final Cervantes recuerda que:

“Oh Toledo, solar hispano, crisol de la raza ibera. Dichoso aquel que naciera español y toledano”.

J. Felipe Alonso es  Periodista y Escritor, estudioso de leyendas y costumbres.

Si quieres ampliar información sobre qué hacer y cómo llegar a Toledo, pincha aquí.

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