El hombre pájaro de Plasencia

El hombre pájaro de Plasencia

La capital del norte de Extremadura, la ciudad de Plasencia, un recinto monumental que cuenta con importantes monumentos y una extraordinaria muralla, para hacer honor al escudo que le fue otorgado cuando en el año 1186 fue fundada por el rey Alfonso VIII:”Ut placeat Deo et hominibus”, es decir “para agradar a Dios y a los hombres”, y como se diría en otros tiempos; “a fe mía” que lo consigue.

Calificada por algunos como la Perla del Norte o la Perla del Valle, Plasencia ofrece un conjunto cultural y artístico extraordinario. Desde su Plaza Mayor, donde está la Casa Consistorial, palacio edificado en el siglo XVI, hasta la Plaza de la Catedral, aunque quizás sería mejor decir de las Catedrales, dado que en esta población existen dos construcciones de tal índole.

Una se inició en el siglo XIII y la otra comenzó a construirse a finales del XV. Y precisamente esta segunda es la que protagoniza nuestro relato placentino. Uno más con el que poder apreciar aquello “otro” que hay en muchas de las poblaciones que crecen por doquier en la geografía española.

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Esta vez es, ¡y sí, asómbrese un poco, lector!, un Dédalo, un Icaro, extremeño, real, o al menos eso dice Antonio Ponz en su “Viaje de España”, (siglo XVIII) nada por tanto mitológico, que al igual que Icaro quiso abandonar su prisión, esta vez no es el laberinto, sino la propia Catedral en la que había trabajado, para poder huir de la justicia y de una acusación de tener inclinaciones “diabólicas”.

Ponz escribe que “Lo que creemos fabuloso en Dédalo, fue un hecho verdadero sucedido en Plasencia. Voló un hombre y voló un gran trecho. Es opinión que tal avechucho fue el que hizo la sillería del coro de la catedral—Atravesó trepando por los vientos toda la ciudad, desde el castillo hasta la que llaman la dehesa de los Caballos, a medio cuarto de legua de Plasencia”. 

Pero… ¿Cómo logró volar?

Pues cuenta la tradición, la leyenda, la historia, lo que ustedes quieran considerar y creer, que a principios del siglo XVI, uno de los maestros entalladores que construyeron la sillería del Coro de la Catedral, Rodrigo Alemán, fue acusado de tener inclinaciones demoníacas, refugiándose en la propia iglesia acogiéndose al asilo eclesiástico. Como un moderno Dédalo concibió un plan para escapar, consistente en comer poco y adelgazar mucho. Como único alimento tomaba carne de ave, ya fuera de gallina, de perdiz, de paloma…, que él mismo se preparaba arrancándoles las plumas. Pesaba la carne pelada y las plumas y buscaba la equivalencia de peso entre unas y otras. Una vez calculado, y viendo que compensaba el número de plumas con el peso de su propio cuerpo, se untó el mismo con engrudo y se pegó las plumas, dejando hechas dos alas con las que había pegado a sus brazos para poderlos mover como un pájaro.

Cuando tuvo acabado el trabajo, y como un moderno Icaro, esta vez, y no Dédalo, subió a la torre más alta y desde allí se lanzó al vacío moviendo ágilmente las alas. Pero… Esta vez no fue el sol quien derritió el pegamento como le pasó a la figura mitológica griega, sino… ¿quién sabe? Quizás un mal cálculo, un gramo de más. El hecho es que tras atravesar la ciudad y sobrevolar las murallas cayó en la dehesa, haciéndose pedazos.

Lo dicho, ¿verdad o leyenda? Pero qué magnífico texto el ofrecido por este ilustrado y viajero del siglo XVIII, y qué curiosa la lectura de esa aventura de un “hombre pájaro” volando por el cielo de Plasencia.

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Es una forma diferente de visitar esta ciudad, donde no hay que dejarse sin recorrer sus calles típicas o ver las catedrales por dentro, la Casa del Deán, la Casa Palacio de los Monroy, o el Convento de Santo Domingo, hoy en día convertido en Parador de Turismo. Y las murallas, magníficamente restauradas a lo de su historia, desde el medievo hasta nuestros días y atravesar la Puerta de Berrozana.

Pero no busquen la famosa dehesa de la leyenda, yo no la he encontrado, posiblemente el avance urbanista la haya convertido en un barrio nuevo placentino. De todas formas disfruten recorriendo una ciudad que es, de verdad, una leyenda en sí misma, y sobre todo recuerden que:

Ut placeat Deo et hominibus”

J. Felipe Alonso es  Periodista y Escritor, estudioso de leyendas y costumbres.

Descubre más de Plasencia y cómo llegar aquí.

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Hay 1 comentario para este artículo
  1. Flanagan at 15:17

    Para agradar a Dios y a los hombres . Ut placeat deo et hominibus.
    Insisto que un viaje en tren no será agradable para todo aquel que quiera visitar la muy noble y muy leal ciudad de Plasencia.
    De Salamanca a Plasencia no hay via, a Madrid, esperen más de 1 hora de retraso, tarda menos viniendo en coche y desde Sevilla- Plasencia unas 7 horas.
    Para agradar a los hombres mejor no la visite en tren.
    Gracias Renfe.

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