Tudela: recuerdos de ayer y de hoy

Tudela: recuerdos de ayer y de hoy

Hace ya tiempo que no paseo por sus calles, que no oigo a sus gentes, que no siento el cierzo en mi cara; ese viento que con su fuerza me hacía saltar las lágrimas. Hace ya tiempo.  Para mí, Tudela fue todo un descubrimiento y guardo como oro en paño cada recuerdo. Difícil olvidarla.

Sobre el papel, es la segunda ciudad más importante de Navarra. La capital de la Ribera. El núcleo económico en torno al río Ebro, cuyas aguas dan vida a su huerta. Pero todo eso, sobre el papel. La realidad va más allá. Es una mezcla de ciudad pequeña y pueblo grande; de ladrillo y de hormigón; de modernidad y de tradición. En Tudela se abrazan el pasado y el futuro. Por sus calles, estrechas y retorcidas, con anónimas casas palacio de ladrillo caravista, aún huele a especias árabes y a sabiduría judía. Porque ahí, en esa pequeña ciudad de apenas 35.000 habitantes, hubo un tiempo en el que la convivencia de culturas fue posible y fructífera. Allí, durante siglos, habitaron árabes, mozárabes, judíos y cristianos, que compartiendo el día a día, charlas y conocimientos.

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De ese pequeño pueblo surgieron hace siglos personas tan importantes como Benjamín de Tudela, un viajero empedernido en pleno siglo XII. Cuando viajar era  una ardua tarea y el tiempo se perdía en el camino, Benjamín de Tudela recorrió, según sus biógrafos y sus propios escritos, casi doscientas ciudades de Europa y de Oriente Medio. Indagando, mirando y aprendiendo. Toda una hazaña. También en Tudela nació el médico, filósofo pero, sobre todo, poeta Yehudah Halevi, casi coetáneo de Benjamín de Tudela, ambos judíos.

Pero no sólo en el ayer sus gentes hicieron grande a Tudela. Aún hoy, entre sus vecinos hay afamados profesionales, de campos muy diversos. El conocido arquitecto Rafael Moneo, con una trayectoria internacional e innumerables premios en su haber, padre de edificios que son obras de arte en sí mismos, como el Kursaal de San Sabastián, el Museo Thyssen o la Estación de Atocha, dio sus primeros pasos por las calles de esta pequeña ciudad.

No es difícil pensar que, en esa mezcla de culturas y de conocimientos que durante siglos ha impregnado el aire de Tudela, esté la esencia de todos estos logros, de antes y de ahora. Porque Tudela no podría entenderse sin ellos. Como tampoco se entiende sin sus gentes. Ésas que nunca te niegan una sonrisa, un saludo, un qué tal. Ésas para quienes no hay forasteros ni extraños. Ésas que te abren su casa de par en par y, si te muestras receptivo, también su corazón. Tudela es hospitalidad. Es luz. Es alegría. Es cercanía y roce.

Tudela1Va siendo hora de volver a saborear todo eso de nuevo. De pasear por su centro empedrado y sus calles sinuosas, de degustar sus pintxos con verduras de temporada, de descubrir sus pequeñas iglesias escondidas y su imponente Catedral, de contemplar el volar de las cigüeñas y sus siempre curiosos y bien armados nidos en los campanarios, de disfrutar de la charla y la risa en las terrazas de la Plaza de los Fueros o en Herrerías, de respirar ese aire de la Ribera. Va siendo hora.  

Belén Armendariz es Periodista / @BArmendarizH

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Hay 2 comentarios de para este artículo
    • Renfe Author at 12:07

      Buenos días, informaremos por nuestros canales de comunicación habituales en el caso de que se ponga en marcha la promoción “Adelanta la Navidad”. A fecha de hoy no podemos confirmarte si saldrá o no. Gracias a ti. Un saludo.

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