Ángel Nieto, el podio interminable

Ángel Nieto, el podio interminable

El madrugador apostolado motociclista, en el andén de la estación de Puerta de Atocha, se camufla entre cazadoras de cuero mientras conducen maletas personalizadas con pegatinas de míticos circuitos. Todos somos, a escala mayor o menor, mitómanos. Nada de malo hay en ello, aunque ciertas biografías deportivas son más perturbadoras que otras. A veces, las casualidades se juntan para lo (im)probable. En una mesa de cuatro asientos enfrentados, en el interior del Ave  Madrid – Valencia, somos testigos de una improvisada tertulia deportiva. Los pretéritos rostros televisivos de nuestros vecinos de asiento nos suenan de manera manifiesta. ¡Cómo se llama este tío, maldita memoria!,  se pregunta nuestro acompañante.

Como compiladores de experiencias viajeras cotidianas, ejercemos de discretos oyentes. En lugar de quemar rueda, optamos por ser correa de transmisión. En poco tiempo se nos amontonan asuntos relacionados con el (de)venir o (por)venir del motociclismo español. El pasado siempre vuelve mientras nos abrazamos, de igual manera, al afecto y efecto del calendario. Por lo visto, las dos exclusivas que caracterizan a la gran mayoría de los viajeros de este tren, con destino a la capital del Turia, son el amor a las motos y el homenaje a Ángel Nieto

La duplicidad de la nostalgia y el recuerdo asoma en plena salida, a trescientos metros de la marquesina del edificio ferroviario, al observar el skyline de Vallecas, el barrio donde se crió este deportista universal nacido en Zamora. Su pionera figura sobrevive al asfalto competitivo de la memoria, dictando sabiamente espaciadas trazadas vitales a todos los aficionados al motociclismo. 

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Con motivo del Gran Premio de la Comunitat Valenciana, última prueba del Campeonato Mundial, la tienda de souvenirs deportivos nostálgicos ha sido abierta, con amplia oferta de los momentos más importantes de su carrera y elogios disimulados. Los guiños nostálgicos son una constante. La tertulia se convierte en un culto público a su figura. Entre anécdotas e historias tratan de contrarrestar la permanente amenaza del azar al maldecir el inexplicable accidente final.

La conversación se convierte, ante las miradas indiscretas de los viajeros que caminan por la larga recta del pasillo hacia la meta del coche cafetería, en el lienzo sonoro perfecto para imprimir carácter a su biografía.

Sea como fuere, hasta las nuevas generaciones parecen entregadas a la influencia del maestro La aparición continúa de talentos en el motociclismo nacional no es fruto de generación espontánea. La figura de Ángel Nieto es el engarce entre la gloria del pasado y el presente éxito de los Márquez, Lorenzo y Pedrosa.

Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia. Los hechos que sirven como coartada no son fruto de la ficción. Los comentarios se activan, minuto a minuto, por la adrenalina motera de los tertulianos que nos acompañan en los asientos enfrentados. La sintomatología de la sobremesa es clara. Algunos viajes son subsidiarios de conversaciones relevantes. Los circuitos de la memoria imponen que la nostalgia esté de guardia

La tertulia viajera se convierte en una sobremesa importadora de sentimientos que mantiene unilateralmente el recuerdo pendular de las  idas y venidas del legendario deportista. La conversación  custodia el fuego sagrado de lo que alguna vez fueron carreras irrepetibles. 

Buscamos refugio en las curvas favoritas de la memoria  para arropar la escapada y neutralizar la velocidad de las rectas donde el recuerdo acaba fagocitado. A pesar de la llorada ausencia del maestro, los aficionados que viajan en el Ave siguen haciendo uso magnánimo de la nostalgia. Entusiasmo agudizado, a todo gas, sin freno posible. Nada tiene porque cambiar, siempre alguien recoge el rebufo.

Rehusó siempre emprender la huida de sus orígenes. Desde su juventud, su erudición como piloto autodidacta alimentó su leyenda. Provisto de un tesón extraordinario se convirtió en una figura icónica para el mundo del motociclismo. De aprendiz de taller a la eternidad del podio.

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Por lo visto y oído, les resulta difícil controlar las emociones y dejar los sentimientos fuera. No es necesario ser nostálgico por decreto para reconocer el carisma de los pioneros. La hidra catódica que nos ata a las imágenes de Ángel Nieto jaleado en Assen (Holanda), la catedral del Motociclismo, es parte consustancial de la banda sonora deportiva de nuestra infancia y adolescencia.

Su triunfo póstumo son los testimonios que definen o describen su personalidad. Aunque hay algo que los escribas que nos acompañan y sus mayestáticos comentarios no son capaces de explicar: el reiterado olvido de los distintos jurados de los Premios Príncipe de Asturias del Deporte. Pasapalabra…

Como portavoces voluntarios de la consciente devoción, esta situación enerva sus ánimos y acusan a la tiranía del fútbol como responsable. Hasta los silencios moteros son elocuentes. Sin letra no hay música. “Quizás en 2019, cuando se cumplan 50 años de su primera victoria en el mundial, pueda ser el momento. Se lo merece a titulo póstumo junto Giacomo Agostini”. Dixit queda.

Tras dejar atrás, a través de la mirada cinemascope que ofrece la ventana del Ave, la perspectiva del Circuit de Cheste…. el final del viaje se acelera. “Próxima estación: Valencia Joaquín Sorolla”. Los 100 minutos de viaje pasan sin remedio, hablando de la sublime figura de este hidalgo de los circuitos, gentleman castizo, con un enconado principio, bajo la fórmula de la cercanía y la humanidad,  “tan huérfanos estamos de estas materias hoy en día” apuntan desde un asiento próximo.

En pleno prólogo del Gran Premio de la Comunitat Valenciana, al llegar a la fachada de la terminal ferroviaria donde se establecen, de manera natural, las despedidas afectuosas hasta el próximo domingo. Una cosa tenemos clara tras lo escuchado; qué sencillo es el paraíso del cariño popular para quien lo ha merecido. Nos van a permitir una reflexión final, por razones que sí vienen al caso y que pronto asumirán como propia:

En estos tiempos de competencia manifiesta, donde el apogeo y el ocaso de un deportista es hiperbólico, su legendaria figura es rotundamente perenne. Ángel Nieto, el podio interminable.

Tino Carranava  es Periodista  / @tinocarranava

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