León; si las piedras hablasen…

León; si las piedras hablasen…

Ay, ay, ay esas piedras milenarias, si pudiesen hablar… Nos contarían muchas cosas interesantes sobre la Legio VII Gemina romana, o sobre los combates de los astur leoneses en la Reconquista, o cómo se construyó la Basílica de San Isidoro, o…, y por qué no decirlo, el fantasma de Quevedo que se pasea por el Hostal de San Marcos, donde estuvo preso o…

Ese León monumental que encoge el corazón cuando se visita, y se contempla  el esplendor de su catedral, de esa joya considerada uno de los mejores ejemplos del gótico clásico, o esa Basílica de San Isidoro, el diamante pulido del románico que algunos han calificado como “la Capilla Sixtina del románico”. Y tiene, con perdón, “narices”, por no usar otra onomatopeya más fuerte, que se califique así, cuando la Capilla Sixtina es posterior, y por lo tanto la comparación debería ser al revés, pero ya sabemos que lo español…

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Esa ciudad cuyo Barrio Húmedo, incomparable, envuelve al visitante y le ofrece una visión diferente de lo que fue, es y será. Un mercado al aire libre, una ruta donde degustar buenos alimentos y caldos, donde saber escuchar una historia, o donde simplemente pasear.

Pero, bueno, no quiero aburrirles hablándoles de aquellos detalles que pueden encontrar en cualquier guía turística y que pueden solicitar cuando se llega a la estación de ferrocarril, una conexión que ha ganado en tiempo y comodidad gracias a la apertura de la vía de alta velocidad desde Madrid hacia el norte peninsular.

De lo que quiero hablarles es de una historia que me contaron las piedras. Sí, tuve la suerte de que me hablaran las piedras de esa joya que es la Catedral, o al menos creo que me hablaron, y lo que me dijeron es lo que voy a trasmitirles. Quizás alguno de ustedes escuchen en este “centro de belleza mística y cultural”, otra historia que también les cuente los sillares colocados por los canteros.

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Pegué el oído a las piedras y…

El Rey Fernando III colocó la primera piedra del edificio y las obras comenzaron a buen ritmo. Hacia allí llegaban los carros tirados por bueyes cargados con grandes piedras  que depositaban en la plaza donde los canteros, aprendices y maestros, trabajaban duramente colocando sillar a sillar. Pero, de repente, y por más que se trabajaba de sol a sol, la catedral no avanzaba, y daba la sensación de que durante la noche se desmontaba parte de lo que se había construido durante el día. Alarmados por tal hecho, tres de los principales canteros decidieron mantener una vigilia para saber qué era lo que estaba ocurriendo, y si era cosa del demonio o de magia negra, o incluso de un “basilisco” como llegó a sostener uno de ellos.

Los tres acudieron a la construcción y se escondieron detrás de unos muros, tomando vino para calentarse. La noche avanzó y los vigilantes, entre el frio y el vino trasegado, acabaron por quedarse dormidos. No obstante, uno de ellos logró despertarse antes del alba y escuchó un fuerte ruido que venía de una parte de las obras. Encaramado al muro vio a un enorme topo que roía las piedras y las convertía en polvo.

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Tras mucho pensar, encontraron una solución para combatir a ese animal que no les dejaba avanzar. construyeron dos muros paralelos de corta altura, y por la noche dos se colocaron a ambos lados de los mismos armados con gruesos garrotes, mientras que el tercero  esperó a pie firme la llegada del topo con un puñado de gusanos en la mano. El animal volvió a aparecer,  pero se detuvo al ver al hombre esperándole. Éste lanzó un grito, tiró los gusanos al suelo y salió corriendo. El topo corrió a por el alimento, y entonces los dos que estaban escondidos comenzaron a darle golpes, mientras que el que supuestamente había huido regresó con el mismo fin. Al final dieron muerte al animal y lo rociaron con agua bendita por si era un enviado del demonio.

Descuartizado, su piel fue expuesta en uno de los muros de la catedral, y nunca más se registró mayor incidente.

Recuerden; las piedras nos hablan. Debemos escucharlas porque son capaces de llevarnos de viaje en el tiempo y el espacio; y contarnos una y mil historias, una y mil leyendas, una y mil aventuras.

J. Felipe Alonso es  Periodista y Escritor, estudioso de leyendas y costumbres.

Fotografías: Turismo de León

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