Volando por Sevilla

Volando por Sevilla

Hace muchos años que recorrí por primera vez  las calles de Sevilla.  Siempre me ha parecido que pasear a los pies de la Giralda, a orillas del Guadalquivir, por cualquiera de sus maravillosos puentes o por alguna de sus callejuelas  es como iniciar un viaje en el tiempo

Mi imaginación es  muy de campar a sus anchas sin pedirme permiso.  Puede volar  cinco siglos atrás hasta una Sevilla con calles atestadas de comerciantes que tratan de hacerse con parte del último cargamento recién desembarcado de las bodegas de algún galeón llegado a puerto desde la otra punta del mundo, en el que abundan todo tipo de preciados y novedosos tesoros.

En  ocasiones  vuela más lejos en el tiempo, dos mil años atrás. Allí puedo asistir a alguna representación en el Teatro Romano o dar un paseo por las calles primorosamente empedradas de Itálica, contemplando el valle del Guadalquivir desde la altura de sus colinas, mientras la suave brisa de la primavera mece mi túnica.

Algunas veces me quedo a mitad de camino y paseo hace ochocientos años entre la Torre del Oro y la Torre de la Plata, o me asomo desde lo más alto de la Giralda mientras escucho la llamada a la oración.

Y otras, simplemente me quedo en el siglo que me ha tocado vivir. Al llegar a la estación de Santa Justa y bajarme del tren comienzo a deambular entre sus flores y sus plazas. 

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Entonces puedo imaginar que vuelvo a volar sobre toda la ciudad  recorriendo las pasarelas de Las Setas en la Plaza de la Encarnación, disfrutando de las impresionantes vistas que me brindan esas alturas que tanto me gustan.

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Sea como sea y cuando sea, Sevilla siempre me invita a soñar.

Texto y Fotos: Sonia Martínez Jiménez. Escritora, Viajera y Fotógrafa.

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