Salamanca; de la Universidad y otras cuitas

Salamanca; de la Universidad y otras cuitas

Estamos ante una ciudad milenaria Patrimonio de la Humanidad, que mantiene lugares donde parece que se ha detenido el tiempo, y donde se respira una cierta magia a la vez que una cierta dosis de rigor científico.  Naturalmente que es lógico, pues estamos ante una de las más antiguas e importantes centros de docencia de España. Decir “Universidad” es decir Salamanca, sin olvidarnos de Santiago de Compostela, pero con una mayor inclinación hacia los doctorados de esta “plaza del saber”, la más antigua del país, y la que mantiene un lema glorioso: “Quod natura non dat Salamatica non praestat” (Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta).

Importantes personajes han unido algún momento su vida a esta plaza. Tan sólo por recordar algunos se puede al padre de la Gramática, Antonio de Nebrija, al almirante Cristóbal Colón, al escritor Fernando de Rojas, al padre de la Escuela de Salamanca, Francisco de Vitoria, a Fray Luis de León y su famosa frase “Decíamos ayer” o al humanista Miguel de Unamuno.

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Tan sólo unos apuntes de la Universidad, breves, muy breves, dado que de lo que quiero hablarles es de otra forma de ver Salamanca, de pasear por entre los monumentos de la ciudad, de apreciar sus plazas o de, simplemente, asomarse al río Tormes.

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En el año 1218, Alfonso IX de León otorgó a los estudios catedralicios que se llevaban a cabo en Salamanca, la categoría de Estudio General, y ya fue en 1254 cuando Alfonso X el Sabio le dio unos estatutos creándose jurídicamente como Universidad.

Del siglo XV son sus principales edificios históricos, el de las Escuelas Mayores, el de las Escuelas Menores y el Hospital del Estudio, que se encuentran en la plaza conocida como Patio de Escuelas. En la fachada del edificio de las Escuelas Mayores se encuentra uno de los animales más fotografías de Salamanca y uno de los mayores reclamos para los visitantes. Se trata de la famosa rana posada encima de una calavera que no todo el mundo puede apreciar pues aparece algo escondida entre los adornos arquitectónicos de la fachada.

Pero como ciudad milenaria y universitaria, hay un sinfín de curiosidades, de relatos, de leyendas, de magia y de misterio que acompañan, tanto a la Universidad, como al conjunto de la población, aunque casi siempre se sobreponen a todas las demás las que tienen que ver con los cientos de miles de estudiantes que por sus cátedras han pasado.

La rana y la calavera

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Cuenta una lejana tradición, y quizás en ello tenga algo que ver la rana y la calavera, que el demonio estaba envidioso de que en Salamanca floreciese una universidad tan importante. Y esa misma tradición apunta a que ese demonio no era otro que un párroco salmantino, Clemente Potosí, que daba, en la sacristía de San Ciprian, clases de ciencias ocultas. La enseñanza incluía nigromancia, alquimia, magia negra… Aquellos alumnos más aventajados eran conducidos a una cueva donde podían practicar sin ningún miedo esas artes.  Ahora bien, cuando se “graduaban”, debían pagar por la enseñanza y el que no podía hacerlo se debía quedar encerrado en aquella cueva por un tiempo indeterminado. Sigue la tradición o leyenda contando que uno de los que no tuvo para pagar fue el marqués de Villena que en su etapa de estudiante acudió a aquellos “cursos”. Encerrado en la cueva, logró escapar escondiéndose en una cuba y aprovechando un descuido del párroco que al ver que estaba vacía dejó la puerta que comunicaba con la sacristía abierta. No obstante se dice que se dejó allí su alma.

El “Padre Putas”

Pero… dejémonos de penas y de penosas circunstancias, y aprovechemos para mencionar una tradición mucho más lúdica que la de la Cueva de Salamanca, se trata de, como no podía ser de otra forma, de un festejo tradicional estudiantil, hablo, con perdón, del “Padre Putas”.

Una ordenanza dictada por el Rey Felipe II prohibía que durante la celebración de la Semana Santa hubiese prostitutas ofreciendo sus servicios en Salamanca, y para evitar que alguien desobedeciera la orden, todas eran trasladadas en barcas al otro lado del río Tormes, donde se instalaban para pasar ese tiempo sin clientela. Para controlarlas se nombraba a un sacerdote, que era conocido popularmente como el “Cura Putas”. Acabada la semana, y cuando llegaba el lunes siguiente al de Pascua se celebraba el tradicional Lunes de Aguas, una especie de romería para sentarse a comer el típico hornazo en la orilla del río para recibir los estudiantes la vuelta a la ciudad de las prostitutas y celebrar junto a ellas una gran fiesta donde corría el aguardiente, el vino, y…

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Ya sé que Salamanca es más. Son sus edificios del casco viejo. Su maravillosa catedral, su Plaza Mayor que siempre ha competido con la de Madrid, su…  Pero eso es otra historia, y además, tal y como apunta Miguel de Cervantes en su novela ejemplar “El licenciado Vidriera”

Salamanca que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado”.

J. Felipe Alonso es  Periodista y Escritor, estudioso de leyendas y costumbres.

Fotografías: Turismo Salamanca / Portada: Manuel Ramallo

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