Visión panorámica en Bilbao

Visión panorámica en Bilbao

Si vienes a la Mejor Ciudad Europea 2018, se te van a acumular los planes. Todo el mundo va a decirte dónde ir, dónde comer, dónde beber, dónde comprar, dónde hacer cola y hasta dónde hacerte el mejor ‘selfie’… No te puedes quedar sin ir al Museo Guggenheim, ni sin pasearte por las Siete Calles, ni puedes dejar de cruzar alguno de los muchos puentes que le han ido saliendo a la Ría en las dos últimas décadas, ni debes olvidarte de recorrer la Gran Vía desde la estatua de Don Diego hasta la del Sagrado Corazón, ni se te ocurra comer siempre sentado como todo Dios, has de ir de pintxos por la Plaza Nueva o por Ledesma o por García Rivero -si eres muy hipster, bueno, tienes que ir a Marzana-, y… ni… no… si…

Te falta el aire. A mí me faltaría… Si fuera turista en Bilbao. Pero yo tengo todo el tiempo del mundo para recorrerme mi ciudad. Tanto tiempo tengo, que decido darme una vuelta por las alturas de vez en cuando, porque a veces hasta yo tengo que salirme del mapa para apreciar este botxo en lo que de verdad vale. Para poner en su sitio cada cambio, cada paso, cada símbolo. Desde arriba, desde fuera, se puede mirar la dimensión real de esta historia y colocar cada piecita en un mapa a escala real. Es como jugar con la casita de muñecas, o con las piezas de Lego. Todo en tu mano, todo a tus pies, todo encaja. Hay muchos miradores desde los que ver la ciudad, y la mayoría -afortunadamente, según quién lo diga- no aparecen en los planos que se encuentran en las oficinas de Turismo. Es lo bueno de vivir entre montecitos.

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Otros miradores sí. El de Artxanda sí aparece. Hay un funicular que sube hasta el monte -son solo 251 metros de altitud- por la ladera, entre bosquetes, desde un barrio situado muy cerca del Ayuntamiento; Castaños se llama, el barrio. El funicular tiene más de cien años y aunque a menudo a los de aquí nos ha parecido que estaba un poco de capa caída, que solo era para los domingos familiares o para los ciclistas que pretendían ir a la naturaleza sin salir de la ciudad, resulta que son muchos los turistas que lo utilizan. Ven esa cremallerita que abre y cierra al mismo tiempo la ladera, con esa línea de luces que es de noche como un imán para el ojo, y entonces descubren lo que muchos de nosotros ya hemos olvidado: que allí hay una de las mejores vistas de la Mejor Ciudad Europea 2018. Mejor sobre mejor, que somos de Bilbao. 

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Si además de subir a Artxanda y mirar desde la plaza del funicular, sigues una pequeña ruta que discurre en paralelo a la ría a esa altura en dirección a Santo Domingo, estarás haciendo parte del anillo verde que rodea la ciudad. Árboles, pájaros y buenas vistas. Campas a la que la gente todavía va a comerse el bocata. Un obelisco con tres años -de tres guerras- grabados. Y alguna urbanización en la que te ladrarán los perros porque tendrás que asomarte a los muretes fascinado por el fondo, una postal salpicada de torres de cristal, un gran meandro y pináculos de piedra contra otra línea de montes, más montes, siempre los montes.

Texto y Fotos: Elena Sierra es Periodista en El Correo

Portada: Fernando Villadangos

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