Ya lo sabías

Ya lo sabías

He buscado a propósito aquella foto, la que Facebook me recuerda cada 23 de diciembre. La he buscado antes de que el robot de la red social me encuentre a mí. Es la foto más antigua que aparece. Supongo que significará algo. Es paradójico lo que nos pasa a los periodistas: cualquiera que estuviera allí tendrá en un marco de su casa una imagen de aquel momento histórico. Yo tengo una imagen de una calidad mediocre en Facebook, que todos los años me salta en la misma fecha, y que cierro con un click instintivo. Luego, me volvería a pasar con la inauguración de la T-3 del Aeropuerto de Málaga; la de la Hiperronda (creo que tú preferías llamarla segunda ronda); la del metro…

En la foto estamos los dos, junto a otros compañeros y a algunos señores de cuyo nombre no me acuerdo, en el andén de la estación María Zambrano, delante de un S-102. Haces como que te cierras la chaqueta, en pose elegante, que contrasta con tu eterna sonrisa socarrona. Miro con una mueca tímida a la cámara, que seguramente sostenía alguno de nuestros compis fotógrafos, aunque tampoco me acuerdo de quién.

Han pasado diez años y todo ha cambiado demasiado como para recordar ciertos detalles.

De lo que sí me acuerdo bien es de tu trabajo en aquellos años previos a aquel momento, cuando el Ave no era más que una palabra mágica; y Málaga era una ciudad completamente diferente a la que es hoy. Tenías en la cabeza un mapa con el trazado de la alta velocidad: los nombres de cada viaducto y de cada túnel; la capacidad de trabajo de las tuneladoras Mezquita y Alcazaba. Lo que es más importante, tenías las claves, los plazos, las fechas. Y nunca dudaste, con la connivencia de José Antonio Frías, director de SUR entonces, en denunciar cada retraso, cada partida presupuestaria que no encajaba; cada hito que no se cumplía, como un permanente fiscalizador de la actividad política de tres gobiernos, dos del PP y uno del PSOE, que se dieron el relevo en esta carrera de fondo que suponía hacer de Málaga una de las primeras ciudades españolas en tener la alta velocidad.   

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Hotel Miramar. El auge turístico y hotelero en Málaga se debe en buena parte al Ave.

A decir verdad, no era tarea fácil. En aquellos años dulces de ladrillo y pelotazo había pocos visionarios capaces de adivinar lo que esta infraestructura suponía. A nivel político ni mediático, ni siquiera en el seno de Renfe, no eran tantos los convencidos de que esa obra faraónica tendría los resultados esperados. Para colmo, el Talgo 200, con sus más de cuatro horas de viaje a Madrid, no tenía una buena aceptación del público, y no era precisamente el mejor termómetro. Todo ello hacía que los fondos necesarios no se inyectaran con la solvencia y la resolución necesarias, y la llegada se retrasaba una y otra vez. Y con cada nuevo retraso, un titular, no menos contundente, para recordarles a todos ellos que vigilabas sus pasos de cerca.

Pero el Ave al final llegó, y fue como si siempre hubiera estado allí.

Tras las cámaras y los focos, llegaron los ciudadanos, y subieron a los vagones ultrarrápidos con la normalidad con la que esta ciudad salta siempre a la modernidad, sin preguntarse qué había antes. Tras el bache de los años duros de la crisis, y con un reajuste acertado de la política de precios, el Ave se convirtió en lo que tenía que ser: la marca que puso a Málaga como ciudad en el mapa nacional, donde históricamente siempre había sido una actriz secundaria frente a otras capitales. Desde aquel 24 de diciembre, la capital costasoleña estaba mucho más cerca de Madrid que esas dos horas y media de viaje anunciado. Psicológicamente, pasaba de estar fuera, a estar dentro, con todo lo que eso supone.

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Los empresarios y técnicos del Parque Tecnológico (PTA) están entre los principales usuarios del tren.

Y estaba cerca para venir a disfrutar de este rincón del paraíso; para comerse un espeto y para escapar del frío invernal en la Meseta. Pero, sobre todo, me contaba hace unos días Alfredo Durán, el gerente para la zona sur de Renfe, que quienes más lo usan son empresarios y directivos, que vienen a Málaga a hacer negocios. A invertir, querido Manolo, en esta ciudad próspera que en la última década ha dado un vuelco extraordinario; que ya está, por derecho propio, en el mapa de las grandes urbes europeas. Que tiene un futuro prometedor, gracias a que algunos, pocos visionarios empujaron para que se hicieran las infraestructuras necesarias, y que hoy son los cimientos sobre los que se asienta este salto en el desarrollo de la que fue llamada “la de las mil tabernas y una sola librería”. Paradojas de la historia, hoy se conoce como la ciudad de los museos.

Pero tú, querido Manolo, todo eso, ya lo sabías…

Ignacio Lillo es Periodista y Articulista del malagueño Diario Sur @ilillom

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