El Expreso de la Nostalgia: Otis Redding, la eternidad del Soul

El Expreso de la Nostalgia: Otis Redding, la eternidad del Soul

…Viajeros al tren con destino al Soul. Un eslalon musical se precipita ante nosotros mientras los contrabajos de la nostalgia percuten en la sincronía del recuerdo desde el andén imaginario. Nuestro ilustre viajero sube al Expreso de la Nostalgia donde viaja como invitado especial. Adivinan quien viaja a su lado. 

El soul se convirtió en el refugio de grandes voces. Pero por encima de todo favoreció la proyección universal de cantantes como el irrepetible Otis Redding. Un estado de trance rítmico y de ánimo musical nos invade para explorar su banda sonora. El viaje se convierte en un trayecto musical de hechizos y alquimias  donde la improvisación tiene un papel más que secundario al escuchar el sonido y el fraseo musical que refleja su personalidad.

El peso creciente de su música se descubre en los concursos adolescentes a los que se presenta con éxito manifiesto. Su irrepetible voz nos permite una inmersión en el soul erudito de los sesenta. Eléctrico y pasional. Los automatismos nostálgicos mantienen frescos los recuerdos de sus legendarias baladas emocionales que  permanecen en la fonografía del corazón.

Desde el asiento sentimos que el viaje va a ser un festín de canciones de cabecera, soul apocalíptico. Los años sesenta fueron creativamente álgidos. Los clichés del soul se amontonan en el interior de los vagones. Los circuitos de la memoria musical imponen que la nostalgia esté de guardia. Ante las adversidades del corazón solo nos queda la locuacidad musical del soul esencial.

Ya se sabe que en todo viaje musical siempre ocurren cosas. Con el propósito que el recuerdo no sea monopolizado por los temas clásicos, llega la imprescindible versión de un tema  clásico de los “The Temptations” que no necesita presentación.

No es necesario buscar coartadas para jerarquizar el caudal de las canciones del artista que nos acompaña. Canciones que después de cincuenta años siguen siendo himnos. La médula musical se sacude particularmente con descargas nostálgicas. Ritmo acompasado y dialogo irresistible definen una de sus canciones favoritas:

Nada supera el lazo íntimo que establece una voz irrepetible. El pasado se vuelve presente al escuchar canciones eternas que no han dejado de ocupar un lugar preferente en la discoteca del alma.

Sin necesidad de describir sus particulares heroicidades vocales, sus letras  reciben desde el primer momento un espaldarazo del gran público. En el vagón salón mantenemos a buen recaudo canciones sin enmienda que han apuntalado los gustos musicales de varias generaciones.

Anclados en las necesarias servidumbres musicales del soul, el viaje supone un reconocimiento eterno a su figura. Las canciones se festejan de manera unánime. Hay consenso universal. El monopolio del soul se repartía entre Sam Cooke y Otis Redding, con permiso del primero escuchamos dos magistrales versiones:

A pesar de la pregonada neutralidad del maquinista del Expreso. Dejémonos mimar por el soul y aprovechemos el recorrido mientras sus canciones activan nuestro metabolismo nostálgico. El soul de Otis Redding está vivo no se obsesionan en reanimarlo… escuchen.

El promontorio del soul lo ocupa por méritos propios el inigualable Otis. Nos inmiscuimos en la cotidianidad del soul  para retroalimentarnos con una creación original que mas tarde versionaría Aretha Franklin.

Y como todo no es cuestión de encubrirse en la coartada del pasado cincuenta aniversario de su muerte (10 de diciembre). El ‘crescendo’ imparable de sus interpretaciones rebasa la más desaforada admiración y suscita toda clase de certidumbres al escuchar:

La identidad musical de Otis es compleja y no puede ser delimitada con facilidad por el Soul. Su voz podía pasar de ser aterciopelada a ser una voz rasgada, rota y rompedora. Los conciertos en directo eran el colágeno que generaba la elasticidad de sus legendarios fraseos. Y no existe mejor lugar .para volver a escuchar su exitoso paso por el Festival Internacional de Monterey en 1967:

No se explica la pluralidad del soul sin las canciones de Otis Redding. Un agitador del soul costumbrista, un artista único entre cuyas virtudes siempre destaco la fertilidad de temas propios y su facilidad para encumbrarse entrelazando versiones

Las clásicas canciones se convierten en una evidencia incandescente que ejerce de timonel de viaje. Intentamos sustraernos a los vaivenes de la nostalgia al escuchar ciertas canciones. Contrariar los ardores musicales más exaltados no es conveniente. 

A comienzos de 1967, la revista Melody Marker le otorga el título de mejor cantante del año, reemplazando a Elvis Presley que lo había sido durante los nueve años anteriores. Pero este maravilloso viaje vital desembocó en la orfandad del soul. Desaparecido con tan solo 26 años no disfrutó del éxito de su primer número. Un tema que marcaba un cambio en su manera de interpretar, algo que él mismo denominó “Folk-soul”

La emoción  de algunas canciones eleva las palabras. Es una buena ocasión para evitar despacharnos con un final con fórmulas acartonadas. Sólo hay una razón amarga para finalizar este recorrido:

El poder efímero de este Expreso de la Nostalgia obedece a imponderables del tiempo  como reflejo de un pronostico mil veces reiterado. Continuará.

Tino Carranava  es Periodista  / @tinocarranava

Fotomontaje locomotora:  Amparo Domingo / Manuel Magán

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