Cultura ferroviaria, capital Berlín

Cultura ferroviaria, capital Berlín

Berlín es una ciudad con un concepto de movilidad urbana distinto, incluso inverso al que conocemos en España. Y también diferente del que se practica en la mayoría de ciudades lejos de la almendra del centro de Europa. La manera natural de desplazarse por Berlín es el tren, en sus diferentes variantes: el metro de superficie (S Bahn), el metro subterráneo (U Bahn), el tranvía. Y siempre con el complemento de la bicicletaUn concepto logístico que no ha de traducirse en animadversión hacia el automóvil.

Entrada de estación de metro U Bahn

Pero quien se desplaza en coche por la capital alemana sufren en sus carnes que la prioridad de la línea recta, de los trazados eficientes son una prerrogativa que sólo se otorga a los vehículos guiados. El coche se ve enredado en una gincana para sortear incontables nudos de distribución de vías que existen a lo largo y ancho de la geografía urbana berlinesa.

Autopista férrea

Escribo estas impresiones a bordo de la línea circular S-42 del S-Bahn, el metro de superficie de Berlín; una poderosa infraestructura denominada Ring que marca la frontera entre el cogollo de la ciudad y los ‘suburbios’.

Unidad del metro de superficie S Bahn

Como capital dividida durante medio siglo, Berlín lo tiene todo desparramado y multiplicado: dos centros, dos distritos culturales y de diversión, dos distritos de negocios y una multitud de barrios residenciales tranquilos, con edificios de escasa altura extendidos por una amplia geografía. La espiral de crecimiento de la población en los últimos años segrega a los berlineses por su distinto poder adquisitivo.

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Potente autopista ferroviaria por la que discurre la línea circular.

Como el trayecto del metro de superficie S-42 es largo, me entretengo en meditar sobre el fenómeno del renacimiento del ferrocarril en España; enfermedad que no sólo aqueja a nuestro país, sino que se ha contagiado por Europa y más allá.

Poderío

Caigo en la cuenta de que nos empeñamos en glosar el poderío de Alemania, ‘de la Merkel’, reduciéndolo a asuntos políticos. Aquellos que tienen que ver con la redefinición de las estructuras de la Unión Europea; con la fuerte exposición de la banca alemana a las abultadas deudas soberanas de sus socios. Aquellos que tienen que ver con el modelo social resultante de la aplicación de la llamada ‘devaluación salarial interna’ y que han terminado por configurar una devaluación real del ‘Estado del bienestar’.

Los tranvías proliferan por toda la ciudad

Aquí, montado en el eficaz y austero metro de superficie S Bahn, que rueda por la mayor autopista ferroviaria urbana de Berlín, (a ratos me rodean hasta 12 vías que se desvían en todas direcciones), medito sobre la responsabilidad que tiene la iniciativa alemana en la exportación de una movilidad “made in germany” hacia aquellos países que nos encontramos bajo su poderosa influencia.

En Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao, la fuerte extensión del Metro y el crecimiento de la red tranviaria y de Cercanías han sembrado la semilla para que la cultura ferroviaria esté en condiciones para comenzar a competir con el vicio logístico patrio: el uso indiscriminado del automóvil privado.

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Viajeros a bordo del tranvía.

En tráficos interurbanos España también pone rumbo a la cultura del ferrocarril gracias a la extensión de la red del Ave. Hace sólo una década cuando un español pensaba en un viaje por su país, la primera opción era siempre el coche y la segunda el avión. El tren no contaba. Las cosas han cambiando, pero queda tela que cortar.

Tren y bici

La cultura ferroviaria, en los países que, como Alemania, la han integrado en su ADN, bendice el matrimonio indisoluble del tren con el uso de la bicicleta. Cuando abordamos las evidentes carencias de la ciclocultura de las ciudades y carreteras españolas, nos empecinamos en encontrar al culpable en la escasez de carriles bici y el exceso de testosterona de los conductores de automóviles españoles. Apenas reparamos en la ausencia de facilidades para subir la bici a los medios de transporte público, tanto urbanos como interurbanos. Sevilla es la excepción.

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En Berlín la convivencia bici-pasajero en las cabinas del tren es pan nuestro de cada día. Y nadie se molesta.

El tren, primero

Anuncian por la megafonía interior del metro S Bahn en el que viajo que nos acercamos a mi destino en la estación de Messe Nord. Antes de abandonar mi ensimismamiento, resumo que el imparable  proceso de exportación del modelo cultural ferroviario alemán es algo mucho más contundente y más profundo que la evidente capacidad de exportación del potente sector industrial del tren germano.

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En Berlín se celebra Innotrans, la mayor feria ferroviaria del mundo.

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¿Qué entender por cultura ferroviaria? Algo tan sencillo como comprobar cuál es el primer modo de transporte en el que piensa un viajero cuando se pone en camino: ¿a pie, en bicicleta, autobús, metro, tren, automóvil, avión?

La torre de comunicaciones, uno de los emblemas de la ciudad

La cultura ferroviaria consiste en elegir siempre el tren como primera opción, mientras que el resto de los transportes se abordan como subsidiarios. Una elección que no se hace por militancia, sino por eficiencia. Porque la interiorización de una cultura de movilidad ferroviaria exige, primero, contar con unas infraestructuras tupidas eficaces modernas y adecuadas.

Y, más tarde, como la lluvia fina, dejar que los ciudadanos se empapen de unos hábitos de desplazamiento que interioricen la esencia pública, reglada, sostenible, democrática, de esta diferente forma de circulación que solo encontramos en el ferrocarril. Y en eso estamos.

Texto y Fotografías: Antonio Ruíz del Árbol es Periodista@adelarbol

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