Simplemente Irene

Simplemente Irene

Irene ha dejado atrás  la sala de espera. En la maleta del recuerdo almacena fotografías de su abuela. Aquélla sobre un banco de pino en la estación con su bolso de piel marrón, zapatitos de tacón y vestido de domingo como una Penélope cantada por Serrat.

Irene camina con paso firme. Mira el reloj del vestíbulo y alza la vista en un gesto que algunos consideran desafiante y los demás seguro, simplemente.

Irene avanza mientras desanda el camino para detenerse en algún pasaje de infancia que la memoria selectiva le regala; cuando Ana, su madre, volaba por los andenes como un ave presa de la prisa  tras bajar de un tren cargada de añoranza, maletas baratas y una niña cogida de la mano.  Mujer de carácter, simplemente.

Irene adora la estación que pisa. Aquí atesora recuerdos de las mujeres que le dieron vía libre a ser quien es. Cimiento de la mujer en construcción constante. Poso que aflora. En ella está Penélope; que dejó de esperar y ver los trenes pasar. Ana también; que sobrevivió a Karenina y a la supuesta condena del sino como mujer fuera de su sitio.

Irene es morena y viste un traje de chaqueta oscuro que le encaja como si lo hubieran confeccionado en exclusiva para ella. Hoy viste así porque así lo dicta el reglamento. Es delgada en extremo, gorda según qué canon, normal según qué época. Es guapa a rabiar. Fea hasta decir basta. Todo cabe en ella y según desde la perspectiva que se mire. Es ella sin contradicciones, acertijos ni aderezos. No tiene vocación de superwoman y ni siquiera lo pretende. Para qué, si Irene es así, simplemente.   

Irene llega a su puesto de trabajo. Abre la puerta, se sienta serena y comprueba el cuadro de mandos. Activa el mecanismo de cierre y espera la orden de salida. Tiene toda la vía por delante y un destino elegido como itinerario de vida.

Irene quiso ser maquinista desde que tiene memoria. Llevar las riendas. Hoy se estrena, homenajea y pita orgullosa a bordo de un Ave recordando a las mujeres que suma, multiplica y resultan ser ella, tú, nosotras. Todas en secuencia y como consecuencia.

¡Feliz Día Internacional de la Mujer!

Verónica Portell es Periodista

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