Cuenca, en busca del Grial

Cuenca, en busca del Grial

Difícil es hablar de una ciudad Patrimonio de la Humanidad como es Cuenca sin dejarse algo en el olvido. Por ello, y antes de comentar algunos de sus “infinitos” monumentos; de sus muestras culturales y de sus leyendas y tradiciones, debo pedir disculpas.

Cuenca es una de esas ciudades que no deja indiferente a nadie. Sus calles empedradas que suben en cuesta hacia la ciudad vieja, hasta el límite máximo que casi parece rozar el cielo con la plaza del castillo, del que apenas quedan restos de lo que fue un fuerte de defensa musulmana. Sus casas en esas estrechas calles que callan mil y una historia que no quieren revelar, pues conocen  desde su construcción de piedra, las aventuras que por ellas se realizaron; los duelos, los quebrantos, las lágrimas de más de una moza llorando a su amado.

Y en su entorno, al igual que ocurre con otra de esas ciudades Patrimonio de la Humanidad que jalonan tierra española, Toledo, un río,  esta vez el Júcar, la envuelve, le da el mismo trato de cariño y protección que el Tajo con la toledana villa.

Pero, sigamos subiendo por las cuestas y así llegamos hasta la Torre Mangana, la torre del reloj,  y a la Plaza Mayor, de forma casi triangular, dominada por la CatedralIniciada su construcción en el siglo XIII encima de la mezquita de la ciudad, es uno de los mejores ejemplos del gótico temprano que hay en España. Fue consagrada en el año 1208, pero no se finalizó hasta 1271.

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Los estudiosos de la arquitectura la consideran como un elemento excepcional por contar con elementos de la transición del románico al gótico. El claustro, las diferentes capillas, todo forma un cuidado conjunto al que penetra la luz a través de las impresionantes vidrieras, que han sufrido alguna transformación en  la segunda mitad del siglo pasado no al gusto de los más puristas, ya que se rompió el tradicional canon de este tipo de obra, con la aportación de artistas contemporáneos a las que faltaban o estaban deterioradas.

Sinceramente no sé si estuvo aquí alguna vez el Santo Grial, el cáliz de la Ultima Cena, pero  fuera así o no, lo que sí me atrevo a afirmar es que al entrar en el templo hay una sensación diferente, hay una energía en el ambiente, una paz, una sensibilidad, que hace pensar en que algo mágico, misterioso y místico ocupó una parte de ese espacio en algún momento, que tuvo aquí ese algo, su espacio y tiempo en la Catedral de Cuenca.

Casas Colgadas

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Y de la Catedral a otra de las maravillas de esta ciudad. A uno de sus símbolos, las famosas Casas Colgadas, una construcción única del siglo XV que se eleva sobre la Hoz del Júcar y al que se asoma como rindiéndole homenaje, aunque cruzando el Puente de San Pablo que permite sortear a muchos metros de altura las aguas del impetuoso río, no se sabe quien rinde homenaje a quien. Al otro lado, una nueva joya, el Convento de San Pablo, actualmente Parador de Turismo.

Tras reponer fuerzas en la instalación hotelera, o en alguna de las posadas próximas, de nuevo calle hacia arriba bordeando el convento, y así se va trazando una de las rutas que hacían los peregrinos hasta llegar a la Plaza del Castillo, el punto más alto de Cuenca, donde queda poco, muy poco del castillo que otrora dominaba la ciudad y que le daba defensa en tiempos de los musulmanes.

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Pero… Cuenca es mucho más. Son innumerables los museos de todo tipo que acercan al visitante a conocer más de la población y de su arte. Iglesias, conventos… ¡Ah! y no nos olvidemos de su oferta gastronómica y de aprovechar para tomar una bebida que si bien se solía degustar en Semana Santa, hoy en día se puede disfrutar en cualquier momento, y que es capaz de dar la fuerza suficiente para seguir “pateando” las calles empedradas y en cuesta, el resolí. Y si se acompaña comiendo un poco de morteruelo

Semana Santa y Las Turbas

Tan sólo una breve referencia a una de las festividades más impresionantes que se pueden vivir en la capital conquense, la Semana Santa. Increible. Capaz de rivalizar con cualquiera de las celebraciones religiosas semejantes de otros puntos de España. Y si se quiere disfrutar de verdad, hay que llegar para asistir a la Procesión de las Turbas.

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Lo siento, pero no voy a desvelarles nada más. Viajen a Cuenca y disfruten, porque es precisamente eso, una ciudad para disfrutar. Y busquen por sus casas, por sus conventos, iglesias, museos, sus calles empedradas, el paso del Grial. Y sientan la presencia del mismo escuchando las paredes de la catedral. Estuvo o no allí… no lo sabemos, aunque hay algo que denota una presencia singular. Y recuerdenincluso el escudo de la ciudad tiene un cáliz como símbolo principal.

J. Felipe Alonso es  Periodista y Escritor, estudioso de leyendas y costumbres.

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