Habitación 328

Habitación 328

Aquel día el sol no tardó en aparecer. Se diría que le urgía más que otras veces salir a despertarla. Así que coló decidido sus rayos por la ventana, iluminando descaradamente su rostroPero Nada. Él no se rindió tan fácilmente, por lo que volvió a intentarlo, esta vez con más fuerza. Sin embargo, ella continuó ignorándole mientras volaba abrazada a la almohada.

Al principio el sonido del móvil se mimetizó con el sueño, entrando en su mente transformado en eco de colores; pareciera querer acogerlo para sí, adueñarse de él.  Si bien la persistencia de la llamada hizo que ella, poco a poco, volviera a la realidad.

Cuando por fin despertó, el teléfono seguía sonando. Entonces sintió un escalofrío que le recorrió el cuerpo al intuir lo que esa llamada traía consigo.  Estremecida, atendió lo que al otro lado una voz amada le declamó:  

– Está grave.  No queda mucho -.          

Corre…

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No sabría decir el tiempo transcurrido desde que colgó la llamada, consiguió un billete de tren que salía en apenas 40 minutos, y se vistió para salir.

                  Corre…

Hay instantes en la vida en los que todo cobra sentido, en los que las gotas del pasado caen a borbotones, desparramándose por nuestro ser hasta atravesarnos el alma, provocando que se desnude  nuestro frágil y fuerte corazón. Abriéndolo todo así,  de golpe…                             

                                 Corre…

Y mientras corría se acordaba de los bizcochos de limón, de las noches en vela cosiendo aquellos maravillosos vestidos que ella le confeccionaba para que fuese la más guapa. Vinieron a su mente los cuentos, las canciones que le cantaba cuando quería consolarla.  Y mientras corría añoró su abrazo como cuando lo hacía para aplacar su miedo. Y se le iluminó la cara al rememorar su sonrisa, su maravillosa y eterna sonrisa….

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Todos los recuerdos aparecían uno tras otro, sin orden, acompañados de aromas, de sonidos que la envolvían y transportaban a la vez que, paralelamente, escuchaba su propia voz angustiada suplicándole una vez más:

Corre…

              Lucía

                          Corre…

Y ella corrió. Sintiendo lo mismo que aquella vez que tuvo que pasar un tiempo con sus tíos. Era muy pequeña, pero ya entonces algo interno le advirtió que no se quejara, que tenía que irse, era necesario. Por lo que se despidió sonriente, aceptando su realidad. Cuando por fin llegó el día de volver, su pequeño corazón  sonaba tan fuerte que, asustada,  le mandó callar. Y éste, como siempre obediente, accedió y enmudeció. Quiso mantener las formas, pero cuando escuchó su voz y, la vio en la estación de tren, corrió como nunca hacia sus brazos, la olió para no olvidar jamás su pelo y suspiró aliviada.

Nombre de archivo :DSC_0513.JPG Tamaño de archivo :3.1 MB (3200144 Bytes) Fecha de entrega :2005/10/19 15:31:27 Tamaño de imagen :4288 x 2848 Resolución :300 x 300 ppp Número de bits :canal de 8 bits Atributo Protección :Desactivado Atributo Ocultar :Desactivado ID de la cámara :N/A Cámara :NIKON D2X Modo Calidad :N/A Modo Medición :Multipatrón Modo Exposición :Prioridad de abertura Speed light :No Distancia focal :17 mm Velocidad del disparador :1/20segundo Abertura :F8.0 Compensación de exposición :0 EV Balance del blanco fijo :N/A Objetivo :N/A Modo de sincronización del flash :N/A Diferencia de exposición :N/A Programa flexible :N/A Sensibilidad :N/A Nitidez :N/A Tipo de imagen :COLOR Modo de Color :N/A Ajuste de tonos :N/A Control de saturación :N/A Compensación de tono :N/A Latitud (GPS) :N/A Longitud (GPS) :N/A Altitud (GPS) :N/A

Por suerte a esas horas no había atascos y pudo llegar a tiempo a la estación.  Apenas faltaban 4 minutos para el cierre de puerta. Pero lo logró. Justo en el momento de entrar en su vagón se dio cuenta de que no había cogido equipaje, aunque en vez de agobiarse, sonrió.  No hace falta, pensó. Vuelvo a casa. 

Al bajar del tren contactó con un miedo atroz y profundo. ¿Y si no volvía a verla viva nunca más?Llegó al hospital temblando. Planta tercera. Habitación 328. Lo había conseguido. Allí estaba ella. La sintió tan hermosa y frágil que todas la palabras bellas, las caricias eternas y los te quiero cobraron sentido cuando de su boca, por fin, brotó de una manera sencilla y clara: 

Estoy aquí,  mamá. Y ya  no importó  nada más.

Texto: Antonia Mejías es Escritora y Terapeuta

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