Fiesta de las piraguas, selleros al tren

Fiesta de las piraguas, selleros al tren

El Tren de las Piraguas sobrevuela en la memoria como un acontecimiento que abandera anualmente el Descenso Internacional del Sella. Por fortuna, no siempre la casualidad gobierna nuestras vidas. El presente más inmediato, 24 horas antes de la salida, nos devuelve al pasado. La nostalgia avanza con credenciales vitales, en busca del recuerdo, 73 años atrás. La relación entre el tren y la legendaria fiesta viene de lejos.

Aunque somos conscientes que ninguna lógica frena pasiones y afectos, a veces vivimos atrapados en la burbuja del recuerdo de históricos descensos que colapsan nuestra memoria. El gasto energético durante el colorista desfile matutino y la carga muscular acumulada en la fiesta de la madrugada anterior no impide que de manera armónica iniciemos el recorrido hacia la estación de Arriondas. Desde el andén, con la complicidad festiva cotidiana, observamos la llegada de los viajeros que acuden cargados con un excelente equipaje: chalecos, monteras piconas y collares de flores, como objetos de culto que representan la quintaesencia del Descenso Internacional del Sella.

El pitido del tren rompe la solemnidad tras escuchar emocionados, minutos antes, el entrañable Asturias Patria Querida. La curiosidad se sacia y las dudas se despejan al subir al Tren de las Piraguas. Desde el vagón se observa el articulado dueto entre una prueba deportiva singular y una fiesta única. Nada es igual cuando comienza a andar. Fotografiar la coreografía festiva y describir el ambiente en el interior del tren, es un vano intento de atrapar el movimiento que se escurre como las partículas de un reloj de arena hasta la meta en Ribadesella. El enjambre de selleros animando, a pie de río, a los piragüistas explica el valor coyuntural de este tren cuya idoneidad para seguir la prueba está garantizada. 

Ni siquiera en este tiempo de fibrilación festiva la movilización de los hábitos no se improvisa. El viaje en el tren fluvial es un himno a la sensibilidad sellera. Como un concierto de música de cámara todos los viajeros escenifican sus inquietudes al unísono. Pegados a las panorámicas ventanas sincronizan sus movimientos y se dejan la piel por una misma causa, el avistamiento de los primeros piragüistas. Las paradas se convierten en objeto de deseo. Los prados, en primera línea del río, se transforman en palcos deportivos y barreras de tronío palista donde los selleros aspiran a ser notarios de esta inolvidable experiencia. 

En el epílogo de la prueba, al llegar a Ribadesella, los 400 afortunados que viajan en el tren se convierten  en cronistas excepcionales. Los selleros  abrazan con fervor la llegada a la meta. El trayecto a través del cauce del río Sella se convierte en una misiva a los lazos que unen para siempre. La armónica simbiosis, deporte y fiesta, atrapa al viajero seducido por el fabuloso paisaje asturiano como telón de fondo.

El tren fluvial forma parte de la memoria histórica del Descenso del Sella y sus vagones componen un inmenso depósito de experiencias colectivas. El trayecto se convierte en un viaje obligado para los acreedores de experiencias inolvidables. Al llegar al destino observar el Tren de las Piraguas  desde el andén, a medio metro, es como ponerle cara y sentimiento a tu infancia y adolescencia, nostalgia abierta ininterrumpidamente. Ahí está, tantos años después. La vida no pasa en vano para nadie pero la presencia del tren nos abduce.

¡Selleros al tren! 

Tino Carranava  es Periodista  / @tinocarranava

Fotografía portada: Littel Sadie / Visualhunt

Más información de la edición 2018 del Descenso del Sella aquí.

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