Del vapor a los tiempos modernos de alta velocidad

Del vapor a los tiempos modernos de alta velocidad

Los anaqueles de los amantes del ferrocarril estarán repletos de libros sobre la historia, técnica o cualquier otro profundo conocimiento del tren pero, hasta ahora, no había aparecido, por lo menos en nuestro país, un relato en primera persona sobre la vida de un ferroviario de ‘fondo’, que haya vivido los múltiples cambios que se han producido en su seno en los últimos 50 años, esto es el paso del vapor a los tiempos modernos de alta velocidad.

Éste es el caso de Manuel Sánchez Solano, jubilado en 2002 tras 43 años de profesión, que ahora nos presenta en ‘Maquinista por vocación’ sus recuerdos de su paso por tracción de vapor, diésel y eléctricas, entre otras vivencias profesionales y personales. Y también, es ejemplo de la transformación de la antigua RENFE a la Renfe moderna de alta velocidad, aunque a él no le tocó conducir este tipo de trenes.

En esta autoeditada autobiografía de 118 páginas, con prólogo y consejo del meteorólogo también jubilado y experto en el ferrocarril Ángel Rivera, desgrana sus recuerdos de un largo viaje profesional, desde que comenzara allá por 1961 hasta el fin de su vida profesional a los mandos de máquinas diésel 333 o como auxiliar de tracción. Cualquiera de los que ahora trabajamos en el ferrocarril se va a sentir identificado con él, ya que es de un texto noble y sencillo en el que expresa vivamente estos cambios que le ha tocado vivir.

Manuel con su autografía ‘Maquinista por vocación’.

En estos años ‘dorados’ del ferrocarril español, Manuel ha conocido gran parte de las series de máquinas de vapor, diésel y eléctricas que han circulado por las vías españolas. Y subido a sus cabinas, ha recorrido gran parte de las líneas españolas.

Y es que ésta era la vida de un maquinista o un fogonero de aquellos años, con decenas de horas a la grupa de su máquina hasta llegar a destino y vuelta. A lo que se le sumaba estar ‘destacado’ en otra ciudad lejos de la familia o cambiar de ‘residencia’ cada poco tiempo, arrastrando a la prole.

Periplo profesional y vital

No es una ‘batallita’ de jubilado: su vida ha sido y es como la de muchos de los ferroviarios de ‘aquel entonces’: Manuel nació en Puente Genil (Córdoba), donde su padre era operario del Depósito de locomotoras. A los 18 años, ingresa en el Regimiento de Movilización y Prácticas de Ferrocarriles, empezando su larga vida ferroviaria en el 4º Batallón de Zaragoza.

Más adelante, pasa de voluntario a la Escuela de Atocha en Madrid, donde realizó prácticas en los Talleres Generales de Méndez Álvaro, en la maniobra o asistió a las maniobras. Al cumplir el primer año, solicitó el traslado a Valencia y comenzó como fogonero en las maniobras de Término, en convoyes de mercancías entre Sagunto y Castellón, o de viajeros hasta Oropesa del Mar.

Después de finalizado los cuatro años de militar, se incorporó a RENFE y, en su natal Puente Genil, comenzó a con las primeras locomotoras de vapor. Un entrañable recuerdo de esos primeros tiempos fue en la línea de Campo Real, en los que cada turno representaba estar varios días fuera de casa. Cada día, su madre le enviaba un canasto con la comida con el tren Correo y, al ser de vía única, lo recogía al cruce de ambos trenes. Era también un sistema de comunicación para mensajes a la familia como “mamá me gustó mucho el cocido de anoche”…, cuando estaban a tan sólo 90 kilómetros de distancia.

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Manuel en el Regimiento de Movilización y Prácticas de Ferrocarriles.

Nos cuenta, que su mayor satisfacción de este cambio fue dejar la pala, con la que llegaba a cargar en el hogar de las locomotoras entre 7.000 y 8.000 kilogramos de carbón en cada viaje.

En 1972, pasó a la residencia de Zafra y, tres años más tarde, fue destacado al Depósito de Sevilla Santa Justa. Ya en 1978, consiguió el ascenso a maquinista por lo que tuvo que volver al Depósito de Madrid Atocha para recalar, después, en Madrid Fuencarral y Vicálvaro Clasificación. Más tarde, le tocó realizar el curso de las míticas 333 que, nos confiesa, fue la mejor locomotora que ha tenido entre sus manos. Y en 1983, realizó otra transformación, esta vez de diésel a eléctrica. Como vemos todo un viaje de máquinas y residencias…

Por esas fechas, le detectaron una hipoacusia en un oído en un reconocimiento médico y ya no pudo volver a conducir sus amadas locomotoras. Pero terminó su extensa vida profesional como auxiliar de tracción y encargado del Puesto Fijo en distintas residencias de Madrid, antes de su jubilación el 31 de diciembre de 2001.

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Visitando a una antigua compañera, la diésel 1615.

Pero ahora, Manuel no es un jubilado al uso. Participa activamente en redes sociales para difundir su pasión por las locomotoras y su vida profesional. Para que todas estas experiencias no queden en el olvido, Manuel ha escrito esta obra, reflejo de lo que supuso el ferrocarril en la vida cotidiana de los ferroviarios de hace sólo unas decenas de años. Los que quieran conocer más de esta historia pueden contactar con el autor en el correo solano61@yahoo.es.

Juanfran Narro es Periodista y Ferroviario

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Hay 1 comentario para este artículo
  1. Manuel Sánchez Solano at 22:27

    Muchas gracias a todos los que me han ayudado a que estas vivencias vean la luz mi amigo Juanfran Narro.Angel Rivera.Archivo histórico del Museo Ferroviario de Madrid Delicias y tantos aficionados que han podido adquirir mis memorias ferroviarias.

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