Las guías ferroviarias, los libros de viaje del siglo XIX

Las guías ferroviarias, los libros de viaje del siglo XIX

Desde el comienzo de la historia del tren en pleno siglo XIX, las compañías ferroviarias, y empresas relacionadas con los viajes o la información comenzaron a hacer públicos los horarios de los trenes para informar a los viajeros de las posibilidades de su trayecto. Primero como avisos en los periódicos locales y, después, los imprimían en forma de los tradicionales horarios de bolsillo.

Pero lo que supuso un salto cualitativo en estas publicaciones meramente operativas fue transformarlos en auténticas guías turísticas, ante la necesidad que tenía el viajero de otro tipo de informaciones para conocer las zonas que atravesaba o visitaba, no solo las horas de paso de los convoyes por la estación. Hay que tener en cuenta que estamos en los albores de los viajes de vacaciones o de ocio, tal y como hoy los conocemos, aunque solo pudieran disfrutaban de ellos una élite de la una determinada capa social.

Continental Railway Guide o guía Bradshaw.

Continental Railway Guide o guía Bradshaw.

Además de los típicos horarios de bolsillo, las propias compañías ferroviarias comenzaron a publicar guías ilustradas de este tipo, que reproducen el mismo esquema que las anteriores: informaciones útiles de las ciudades o zonas que atraviesa el tren; descripción del recorrido, material utilizado e infraestructuras ferroviarias; un esbozo histórico de la empresa e informaciones prácticas del viaje en tren como extractos de los reglamentos de viajeros, sus tarifas y también sus horarios.

Además, en estas publicaciones se insertaba publicidad de otros productos y servicios ‘externos’, normalmente vinculados a las zonas por donde discurre el medio de transporte. Toda una herramienta para la publicidad: ensalzar las maravillas del recorrido, mientras se ofrecen informaciones de sus servicios.

Guías ferroviarias en España

Con la aparición del tren en España, las compañías ferroviarias más sobresalientes, en aquello años, privadas, también empezaron a editar horarios e itinerarios de sus trenes. Años después, varias iniciativas particulares y las propias compañías publican el tipo de guías turísticas de las que trata este artículo.

En los albores del ferrocarril patrio en 1848, la ‘Guía del Viajero en España’, especializada en las comunicaciones por carretera, comienza a dedicar al tren un escueto apartado. Este prontuario general de historia, geografía y estadística, editado por Francisco de P. Mellado entre 1818 y 1876, fue la primera de las publicaciones españolas que incluyó una especial alusión al tren.

Siguieron a ésta otras publicaciones, ya plenamente ferroviarias, como la ‘Guía Práctica Valverde’, denominada así por su autor Emilio Valverde y Álvarez. Eran unos pequeños libros, uno por cada una de las líneas principales que recorría, ilustrados con fotografías y grabados a tinta, y someras descripciones de los lugares que transitaba. O el breve ‘Manual del Ferro-Carril de Madrid a Aranjuez’ de G. y A., sobre la segunda línea construida en la España continental, e impreso con un plano litografiado de su trazado y ocho esplendidos grabados de lo más destacado que los viajeros podían disfrutar.

Durante varios años, las compañías españolas no fueron muy dadas a editar sus horarios, imaginamos por las quejas que pudieran producir su incumplimiento. Pero con el desarrollo del turismo desde principios del siglo XX, intentaron impulsar este tipo de acciones para aumentar la demanda de estos viajeros, sobre todo el que pudiera provenir de fuera de nuestras fronteras.

Se puede considerar que la primera guía turística editada por una empresa ferroviaria fue la ‘Guía descriptiva de la compañía Caminos de Hierro del Norte de España’, que era publicaba dos veces al año en inglés, francés, alemán y castellano.

Esta guía ilustraba todas las líneas que gestionaba Norte, en especial, la de su trazado principal, la Madrid-Hendaya. En el recorrido por la conocida como línea ‘Imperial’, describe no solo los encantos de las ciudades y pueblos que atraviesa, sino la diferencia del clima, vegetación y topografía de estas zonas, con profusión de imágenes en blanco y negro, y diversos gráficos. Desde su inicio en Madrid hasta adentrarse en las estribaciones cantábricas y alcanzar San Sebastián y la frontera francesa, pasando por Guadarrama y la llanura castellana, este libro de viajes nos describe vívidamente lo que un viajero de principios del siglo XX podía disfrutar en y desde el tren. 

Pero no solo sirve para conocer las delicias turísticas de las zonas que atraviesa el tren, también se desvía de la ruta y nos ofrece la posibilidad de visitar otras zonas cercanas o ‘localizaciones’ ferroviarias como los talleres de Norte en Valladolid, los vehículos ferroviarios que transitaban por la línea, las monumentales obras de infraestructura o varias instalaciones ferroviarias curiosas.

También hace incursiones al resto de sus líneas de Norte como Villalba-Medina del Campo por Segovia, Venta de Baños-Santander, Palencia-Coruña, León-Gijón, Bilbao-Castejón, Alsasua-Zaragoza, Zaragoza-Barcelona o Valencia-Tarragona y otras ramificaciones y pequeños tramos que Norte gestionaba.

A partir de 1931, la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA) también comenzó con este tipo de publicaciones con su ‘Guía oficial ilustrada con los itinerarios y servicios de trenes de viajeros’ en castellano y francés, que tenía parecidas características que la de Norte. También hacía referencia a sus tarifas y reglamentos pero lo que nos interesa es la descripción ‘viva’ de las rutas que seguían sus trenes y de las ciudades y pueblos que atravesaba, con referencia a su historia, geografía y curiosidades, hoy casi dignas de estudios etnográficos. Y no deja de hacer breves visitas a otros lugares relativamente próximos que no conectaba directamente, como las islas Baleares o Marruecos. 

Libro de Oro de MZA

Libro de Oro de MZA

Pero la  publicación más destacada de esta compañía fue su ‘Libro de Oro de MZA’, un gran volumen con cuidada encuadernación de lujo en tela y grandes dimensiones que la compañía editó en la década de 1930. Este gran álbum contenía los mismos apartados de las ‘guías descriptivas’ pero ya con algunas imágenes en color y gran profusión de publicidad, sobre todo en su última parte.

Otras ‘majors’ ferroviarias de aquellos, como la Compañía Nacional de los Ferrocarriles del Oeste de España, también sacaron este tipo de ‘guías descriptivas’.

Mucho después llegarían tiempos de vertiginosos avances en las comunicaciones y la información, pero estas guías ‘físicas’ “recopilaban las noticias útiles para los viajeros, tan útiles como la distancia hasta la población próxima, la existencia de servicio de carruajes, hospedajes y edificios notables”, como nos recuerda Ana Cabanes Martín, Jefa de la Biblioteca y Documentación del Museo del Ferrocarril de Madrid. Eran precedente de los actuales libros de viajes, que “estaban encaminadas al fomento del turismo y a los viajeros que tomaban el tren para trayectos de recreo”, concluye.

Juanfran Narro es Periodista y Ferroviario

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