Viaje de amigas, pero sin parecer una despedida de soltera, gracias

Viaje de amigas, pero sin parecer una despedida de soltera, gracias

Que si de viaje a Sevilla en familia, que si de viaje sola a Barcelona… y mis chicas de Arnedo me dijeron, oye bonita, ¿y para cuándo uno con tus amigas? Y entonces nos pusimos a organizar un súper viaje de amigas, que como siempre en esta cuadrilla lo que iba a parecer sencillo y rápido, nos costó mucho tiempo…pero mucho. Lo primero era buscar fecha… uff ¿Organizar las agendas de, cuántas íbamos a ser? ¡¡¡En el grupo de WhatsApp somos 21… eso iba a ser horrible!!! Así que lo primero iba a ser mejor preguntar quien se animaba a ir. Otras propusieron que mejor era poner fecha lo primero. Vale, pusimos fecha, el último viernes del mes… entonces, muchas no podían. Total, que votamos por varios findes, ganó la primera propuesta. De 21 nos quedamos 10. Pero, ¿dónde ir? Pues un sitio muy lejano no, que para dos días (más no que ya nos vale), pero a uno cercano tampoco. ´Que para una vez que nos vamos´, apuntó otra:  “¿Y quién lleva el coche?” Esa era la pregunta del millón. Habría que coger por lo menos dos… pero, con todas las maletas que íbamos a llevar para dos días, como si nos fuéramos a Laponia una semana, no íbamos a caber… Y yo con mi Mini, que si quería cogerlo me cabían cuatro princesas, pero para llevar sus reales baúles había que coger el carruaje real… así que, mal plan.. Tendríamos que coger dos coches. Entonces, ¿qué hicimos? Optar por el tren.

Quedamos y miramos la página de Renfe. Pensamos en elegir el destino que fuera según los horarios y los primeros trenes que saldrían de Calahorra en sábado. Elegimos Madrid. Así que la capital de España iba a ser nuestra ciudad del viaje de finde de chicas de solo dos días, nuestro lugar de confidencias, de desahogos, de salidas diurnas y nocturnas, pero lo mejor de todo, el sitio  en el que íbamos a recordar nuestras mil batallitas, esas que siempre ´caen´ en cada cena (cada vez menos asiduas), esas que de tanto contarlas hay amigas que aunque no las hubieran vivido jurarían que sí. Esas en las que una amiga es más protagonista que otras, la que hacía fechorías, como meterse por debajo de los pupitres y grapar pañuelos de papel en faldas del uniforme (atuendo divino de la muerte ni largo ni corto, simplemente ridículo).

Elegimos Madrid. Así que la capital de España iba a ser nuestra ciudad del viaje de finde de chicas de solo dos días

Nada más pensarlo nos daba muchísima ilusión, cual niñas en el primer día de verano que abrían las piscinas municipales. Al final fuimos 8, una se tuvo que ´caer del cartel´ porque se le puso el nene malito, y a otra le salió mejor plan, ¿en serio? Y allí que fuimos a la estación del tren a las 8 de la mañana ya estupendas de la muerte, todas puntuales, eso sí (a diferencia de si hubiéramos ido en coche, que siempre a la de siempre le pasa algo). Y solo teníamos una regla, ´por favor chicas, o nos comportamos, o vamos a parecer desesperadas de despedida de soltera. O eso, o la liamos de verdad, disfrazamos a la de las fechorías del cole, y hacemos como que vamos de despedida. Pero a medias no, ¿eh? ´. Vaya, y estuvimos, más o menos ´comedidas´, tampoco parecimos Paco Martínez Soria en ´La ciudad no es para mi´. En el tren nos pusimos juntitas en asientos con mesitas en medio de cuatro y cuatro, y si duraba 2 horas 50 minutos el viaje, 2 horas 40 estuvimos recordando las historias de siempre, y riéndonos a carcajada limpia como si fuera la primera vez que las contábamos. Bueno, nosotros, y todos los demás del vagón también se rieron a gusto claro, porque este chillo riojano que tenemos es poco discreto, (que no nosotras eh…. Que somos discretísimas), pero lo compartimos todo. Llegamos a Madrid a las 10.50. Habíamos cogido un apartamento monísimo en la zona entre Chueca y Malasaña. Genial, en todo el centro. Ideal para recorrer la ciudad, para comprar por Gran Vía o Tribunal con esas tiendas que me encantan, y para salir un ratín de noche sin parecer las de la despedida, bueno, al segundo vermut (bebida por cierto de moda en la cuadri), ya nos dio igual lo que pareciéramos.

En  el tren nos pusieron juntitas en asientos con mesitas en medio de cuatro y cuatro, y si duraba 2 horas 50 minutos el viaje, 2 horas 40 estuvimos recordando las historias de siempre.

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Las chicas preparando el plan en Arnedo.

Y todo eso hicimos: compramos, vermuteamos por varias zonas sin olvidarnos de la Plaza de Abastos de San Miguel, la Plaza Mayor, Sol, Carretas, Ópera y el Palacio Real (yo volví a entrar por centésima vez… es como un imán que me atrapa). Fuimos al apartamento a retocarnos el rímel, y salimos por Malasaña, por Chueca, y acabamos en una discoteca que iba yo de joven (de más joven quería decir), cuando estudiaba Periodismo en Madrid. Si bien, sinceramente no recuerdo qué nombre tenía ya, (no del nombre de hace 15 años cuando acabé la carrera, sino el del mismo sábado pasado del viaje, ¡culpa del garrafón eso no ha cambiado en 15 años!). Ciertamente en la discoteca ya no parecía que íbamos de despedida de soltera, sino más bien de bienvenida de casadas (en su 25 aniversario). Pero nos pudo el mensajeo (cotilleo para los no arnedanos) y aprovechar hasta el último momento. Y vaya, que nos echaron.

Compramos, vermuteamos por varias zonas sin olvidarnos de la Plaza de Abastos de San Miguel, la Plaza Mayor, Sol, Carretas, Ópera, el Palacio Real.

Y tanto aprovechamos las horas, que cuando llegamos al apartamento en vez de dormir seguimos contando nuestras anécdotas. Tres horas después nos levantamos estupendas de la muerte (pero de la muerte de verdad). Nos fuimos al Rastro y aunque arrastrábamos los pies, las carteras anduvieron mucho más sueltas. Comimos por La Latina. (vale! y vermuteamos! ). Y nos fuimos caminito al tren de vuelta que cogíamos a las 18.35 y que nos llevara a nuestra Rioja bonita y tranquila. Ainss que bien dormimos con el traqueteo del tren. Y aún tuvimos tiempo para alguna historieta de la adolescencia (por si alguien lo duda). En la estación nos esperaban las familias, y cuando nos preguntaron qué tal lo habíamos pasado, nos miramos con complicidad, y pensamos… tanta anécdota pasada, que parece que venimos de haber pasado un finde en el cole. Un finde feliz.

Bárbara Moreno es Redactora en Noticias de La Rioja

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